sábado, 27 de septiembre de 2008

La leyenda del gurg


Nació por generación espontánea, seguramente como resultado de una contracción de la membrana que separa el mundo real del mundo fantástico, justo cuando se alinearon Marte, Júpiter y Saturno, y vino a caer de nuestro lado (igual que pudo haber caído del otro y nunca habríamos sabido de él).

No era un duende, ni un elfo, ni un hobbit, sino un gurg.

Era el primero y el único en su especie, así que no sabía cómo comportarse, pues no tenía a nadie para compararse o para imitar. Tampoco sabía a qué dedicar su tiempo, ni cuál era su apariencia.

Decidió seguir sus instintos, y lo primero que sintió fue curiosidad por conocer su fisonomía. Buscó una superficie reflejante y ahí cerca encontró un estanque cristalino.

Cuando se vio en él reflejado, se encontró tan chistoso y ridículo, que empezó a carcajearse a su manera, al extremo de que en cuestión de segundos reventó de la risa. Sus restos bañaron los alrededores como una lluvia de extraña piel verdosa y sangre de color púrpura.

Los habitantes de una aldea cercana, alarmados por las extrañas carcajadas y la explosión del gurg, llegaron inmediatamente al lugar. Lo primero que vieron fueron manchas moradas en algunos árboles.

Lo más curioso del caso fue que la imagen del gurg carcajeándose permaneció reflejada en el estanque durante un par de días. Después se disipó para siempre.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Arregladita, como debe ser


La dulce Naty se pasó un rato largo ilusionada, meditando acerca del vestido que se pondría esa noche tan significativa. Quería verse impactante. Era importante.

Después, en el tocador, hizo gala de sus excelentes marcas de cosméticos y de una amplia experiencia en su aplicación.

El espejo no la engañaba: lucía joven e irresistible, tal como a ella le gustaba verse. Después de todo, siempre había sido una mujer bella y elegante.

Antes de salir, roció sobre su cuerpo un exquisito perfume de Lancomme. Era importante que esa noche luciese muy bien, pues era algo así como su cumpleaños, y quería tener éxito.

Fue en su auto a un lugar muy exclusivo, oscuro, en donde era fácil encontrar acompañante para esa ocasión tan especial. No tardó en presentarse el hombre indicado: apuesto, galante y…muy ingenuo. Él creyó haberla abordado, pero realmente fue ella quien lo escogió y lo hizo sentarse en su mesa.

Lo convenció de que tomase vodka en vez de whisky, pues ella detestaba esta última bebida, sobre todo para la cena.

Para cerrar esa prometedora noche, ella le propuso pasarla en su mansión. Él aceptó sin la menor duda, embelesado por tanta dulzura y juvenil belleza.

Después del segundo acto sexual, ella ya no soportó el hambre, y dulcemente, como besándolo, le clavó sus colmillos en la yugular, succionándole la sangre hasta la última gota.

El vodka, mezclado con el vital líquido de un apuesto galán, era su mejor cena, precisamente ese día, en el que cumplía quinientos años de haberse convertido en mujer vampiro.

lunes, 15 de septiembre de 2008

El día en que llegaron las Rutinas

Llegó el día en que ya todo estaba creado en ese universo.

No existía un solo personaje que no hubiese ocupado todo tipo de papel en las obras literarias, ni un objeto que no hubiese sido representado pictóricamente en todos los estilos, ni una rima que no hubiese sido pronunciada, ni un sonido que no hubiese conformado alguna melodía.

Ese día las Musas se retiraron para siempre al Olimpo, dejándole su lugar a las Rutinas: la aburrida humanidad las necesitaba tanto como al aire y al alimento.

Ya todo estaba creado en ese universo.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Reproches

Hora: la 1AM de un día cualquiera entre semana.

Lugar: mi dormitorio, recostado cerca de mi esposa, quien duerme con la tranquilidad de un bebé.

Problema: no logro conciliar el sueño, a pesar de varias dosis de pasiflorina concentrada.

Razón: me siento vacío, frustrado e inútil, pues no he sido capaz de escribir un cuento que valga la pena hace varios meses.

De pronto, la siento pasar dentro de mi cerebro, caminando sobre mis neuronas. Reconozco sus sutiles pasos, percibo su casi imperceptible aroma. ¡Es ella!

Es el momento de confrontarla. Si no lo hago ahora, ¿quién sabe cuándo regresará a mi mente?

Yo: “Hola, musa ingrata.”

Ella: “Hola, escritor mediocre.”

Yo: “Uno es lo que es su musa.”

Ella: “¡Mentira!, te he dado material de sobra. Eres tú quien carece de la menor iniciativa. Quieres todo digerido, redactado, e incluso con correcciones ortográficas.”

Yo: “No es así. Los últimos cuentos que me has propuesto, además de ser escasos, no entretienen a nadie, por más jiribilla que yo les ponga.”

Ella: “Pues así ha sido siempre, y no puedes negar que algunos han sido exitosos.”

Yo: “Sí, alguna vez tú y yo hicimos una gran pareja, pero de eso hace mucho tiempo.”

Ella: “Algo está pasando entre nosotros. Ya no me quieres como antes.”

Yo: “Te quiero igual que antes, pero la pasión de hace tiempo ya está ausente.”

Ella: “Yo también te quiero, pero hemos escrito juntos demasiados cuentos. Empiezan a resultar monótonos.”

Yo: “Si no haces algo por volver a ser como antes, me buscaré otra musa.”

Ella: “Y yo otro escritor.”

Yo: “¡Si coqueteas con otro, te la verás conmigo!”

Ella: “Pues ya lo he hecho. Inspiré un cuento a otro hombre. Y te diré que me gustó.”
Yo: “¡Ingrata, musa mal nacida! ¡Vete de mi cerebro!”

Ella: “¿Estás seguro de lo que dices?”

Yo: “¡Sí: lárgate con el otro. Espero que juntos tengan mucho éxito.”

Ella: “¡Pues ahora mismo me marcho!”

Yo: “Espera, que no hemos acabado de hablar.”

Ella: “Además de echarme de tu cerebro, ¿qué quieres decirme?”

Yo: “¡Que no te vayas tan rápido: debemos discutir nuestra separación!”

Ella: “La verdad, quisiera quedarme contigo, pero me estás echando…”

Yo: “No te estoy echando. En realidad te he extrañado mucho.”

Ella: “Yo también te he echado de menos.”

Yo: “¡Pues volvamos a los cuentos!”

Ella: “Sí, amado escritor: volvamos a los cuentos.”

Yo: “Estoy listo. Tengo papel y bolígrafo.”

Ella: “Pues ahí va una historia con final feliz: Existió una vez un escritor que había dejado de apasionarse con su musa, al extremo de que ella dejó de sentirse querida, viéndose obligada a buscar a otro más sensible en algún otro lugar, a pesar de lo mucho que amaba al suyo…”

domingo, 31 de agosto de 2008

La casa en la nube

Desde luego era una casa muy ligera, hecha con ladrillos de ensueño. En vez de cemento para unirlos, emplearon polvo de optimismo argamasado con agua de buena voluntad. De otra manera, la nube no habría soportado el peso.

La nube no era cualquier nube. Antes de iniciar la construcción de la casa, entrevistaron a cientos de ellas, y ésta fue la única que les garantizó un lugar estable en el cielo que jamás se tornaría de color gris, pues si llegase a hacerlo, todo el proyecto de la familia duende se vendría abajo con la lluvia. Era una nube con buenos principios, y estaba ansiosa de tenerlos ahí arriba con ella.

Para llevar hasta ahí los materiales de construcción, contrataron a un grupo de alegres libélulas del pantano, y para subir y bajar de la nube, la familia duende aprovechaba el paso de casi todas las tardes del amable arco iris, lo que a los niños les encantaba, porque pensaban que era un enorme tobogán.

Un año antes habían decidido abandonar el bosque, porque ya había demasiada población de duendes y costaba trabajo encontrar setas color ámbar para alimentarse.


En la parte de atrás de la nube, hicieron unos surcos con sus dedos, y en ellos sembraron semillas de azúcar de algodón. Salieron plantas de color de rosa y azul celeste, con frutas que a todos deleitaban por su dulce sabor.

El lugar era tan alegre, que miles de pájaros se acercaban cada día a saludar con melódicos cantos a la familia, para desearles toda clase de felicidad en su nuevo hogar, en donde el bebetín duende, recién nacido, soñaba con esferas de todos los colores y sonreía plácidamente en su ventana asoleada.

Aquella tarde, papá duende y mamá duende estaban felices, pues finalmente habían logrado su sueño de toda su vida de tener una agradable casa en el cielo.

miércoles, 27 de agosto de 2008

El brebaje

Su vocación era de sopa casera, pero la vida lo obligó a ser un desagradable brebaje.

Él hubiese preferido haber sido preparado en una higiénica cocina doméstica con sazonadores agradables y por una dulce ama de casa con mucho amor a sus hijos, pero lamentablemente le tocó ser formulado en una oscura pocilga por una bruja asquerosa, y en una inmunda cacerola con sarro y abolladuras.

Algunos de sus ingredientes sufrían como él, pues las deliciosas coles y las nutritivas espinacas fueron combinadas con sucias alas de murciélago sarnoso, con colas de alacrán rojo y asqueroso excremento de sapo del pantano. Aquello era la mayor humillación que jamás había sufrido un brebaje.

Igualmente, él hubiese querido ser algo calentito, nutritivo y agradable para el estómago de los niños buenos, pero fue preparado para convertir en serpiente a un ogro vecino a quien la bruja odiaba por sus eructos sonoros y mal olientes.

Aquella noche, cuando el ogro llegó a su antro bastante cansado después de haber salido a aterrorizar a las princesas del reino, se encontró sobre su mesa un plato sopero con algo que, para su abominable gusto, tenía buena apariencia y olor.

Sin siquiera pensar en el origen de aquella –para él- antojadiza sopa color café excremento, el ogro empezó a sorberla con toda clase de ruidos y de eructos.

Ya dentro del oscuro y pestilente estómago del ogro, el brebaje resignado hizo enormes esfuerzos de concentración para no convertir a la horrible y asquerosa bestia en una espantosa serpiente.

Finalmente, apoyado por las coles y las espinacas, y a pesar de las actitudes negativas de las colas de alacrán, de las alas de murciélago sarnoso y del excremento de sapo del pantano, el brebaje se convirtió en poción de amor, e hizo que el ogro se transformase en un hermoso e inofensivo colibrí.

Moraleja: aunque la vida te haya convertido en un desagradable y mal oliente brebaje, debes intentar ser una poción de amor, o, por lo menos, una sopa casera, sabrosa y nutritiva.

lunes, 25 de agosto de 2008

El escritor mágico

Era un escritor mágico de cuentos fantásticos.

¿En qué consistía su magia?

Ni él mismo sabía por qué, pero le bastaba con definir a los personajes principales de sus cuentos, para que ellos se encargasen del resto: de generar la trama, de asignarse roles, de concretar finales felices.

Así, el escritor mágico solamente escribía lo que sus personajes hacían y decían. Gracias a este misterioso método, él era muy exitoso en su profesión.

Sin embargo, un día todo le salió mal. Escogió como personajes a una bella hada, a un espléndido elfo y a un peligroso hombre-lobo.

Los tres se pusieron de acuerdo en que tanto el elfo como el hombre-lobo pretenderían al hada. Ella preferiría al elfo, pero todo dependería de un duelo que supuestamente ganaría este último gracias a certeros flechazos en el corazón de aquél. Ella viviría feliz por siempre con su encantador elfo.

Pero al hombre-lobo finalmente no le pareció el acuerdo, y saliéndose del libreto acordado, mató al elfo.

El escritor pretendió borrar este último párrafo para dejar las cosas como deberían ser, pero en su distracción no se dio cuenta que una enorme luna llena asomaba por la ventana de su estudio.

Esto lo aprovechó el hombre-lobo para salirse del cuaderno, y en un descuido devoró al escritor.

Inmediatamente, el hombre-lobo regresó al cuaderno, raptó a la indignada hada, la llevó a su caverna, y se apresuró a escribir FIN al final del cuento.

Nadie, nunca jamás, podría cambiar esa triste historia.