domingo, 6 de diciembre de 2009

El repelente


Finalmente la fórmula del repelente estaba completa. Había sido probada en decenas de voluntarias, y con todas había funcionado a la perfección.

Hans Dierik necesitaba nada más hacer que su producto funcionase en atomizadores idénticos a los empleados con los insecticidas –cuestión de identificación mercadológica-, y tener una etiqueta bien diseñada y agresiva, que advirtiese a los usuarios de los maravillosos alcances de la nueva fórmula, con la cual pensaba hacer una fortuna en poco tiempo.

Una vez resueltos los dos temas anteriores, el novísimo REPELENTE DE SUEGRAS salió al mercado.

Los primeros lotes del producto desaparecieron en cuestión de minutos de los anaqueles de cientos de tiendas e hipermercados. Hans Dierik tuvo que comprar una enorme fábrica para poder cumplir con los miles de pedidos que llegaron a su buzón al día siguiente.

También se le otorgó ese mismo año por unanimidad el premio Nobel de Química.

Durante muchos años, Hans Dierik fue aclamado por la humanidad.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Las fuerzas del bien contra las fuerzas del mal


Aquel pequeño universo estaba en jaque. Las fuerzas del mal amenazaban con regresar una vez más, tal vez ahora para arraigar definitivamente.

Existía sorprendentemente, en aquel mundo, una ingenua criatura que no lograba comprender lo que aquella batalla por venir implicaba, y se mostraba -por su ignorancia- indiferente, e incluso contenta con la llegada de la monstruosa criatura que nos amenazaba con su presencia.

Finalmente el monstruo llegó. Yo -representando desde luego a las fuerzas del bien- asumí la responsabilidad y decidí enfrentarme.

La advenediza y malvada criatura –mi suegra- entró por la puerta de mi casa como si nada ocurriese. Le pedí que se fuera lejos para siempre.

En ese momento apareció en el campo de batalla la ingenua criatura que vivía a mi lado, quien ignorando todas las advertencias y malos presagios, la invitó a pasar.

Fue entonces que me di cuenta de que mi esposa era una traidora.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Sueños dulces tiene el alacrán


Sueños dulces tiene el alacrán: un mundo sin pájaros ni suricatos que lo molesten, y lleno de arañas e insectos, todos ellos jugosos y carnosos; con muchas hembras de su especie, fogosas y sexuales; un mundo pleno de rocas y de escondrijos para facilitar sus emboscadas y huidas.

Pesadillas también las tiene, algunas de ellas terribles, como por ejemplo, la del despiadado pájaro negro que pretende devorarlo, o la de la tarántula peluda que ansía atraparlo para comérselo, pero sobre todo aquella en que una enorme bota humana lo persigue para aplastarlo.

Sueños dulces tiene el alacrán.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

La encuesta


Era una encuesta muy joven que tenía la autoestima muy baja.

Por esa razón pasaba la mayor parte de su vida encuestando a otras encuestas respecto a su nivel de aceptación en esa particular sociedad de excelsas preguntonas.

Los resultados para ella jamás eran buenos: siempre salía con bajo nivel de aprobación.

Cuando nuestra pequeña encuesta estaba ya al borde del suicidio (muchas encuestas se suicidan sin que los humanos se enteren), apareció Opinionae, el hada de las encuestas buenas (en el mundo de las encuestas, las hay malas, mal hechas, tendenciosas, mentirosas, etc., además de las buenas, que son las que siguen la metodología al pie de la letra).

Ella le hizo ver que la mayoría de las encuestas tienen mucho de relatividad, así que le sugirió que interpretase los resultados con mucho cuidado. Incluso le hizo ver que todas las encuestas poseían un grado de error que había que considerar.

Decidió entonces, por consejo del hada Opinionae, hacer una encuesta indirecta, preguntando no por ella, sino por la aceptación o popularidad de las demás encuestas.

Así pudo ver que ninguna encuesta de aquella sociedad era realmente aceptada por las demás. Incluso pudo concluir que ella era de las menos odiadas. Su autoestima regresó a los mejores niveles de su vida.

Y después, una vez más aconsejada por el hada Opinionae, aprendió a distinguir entre las encuestas buenas y las malas, con lo cual pudo escoger mejor a sus amistades y superarse a sí misma.

Pocos años después, fue distinguida con el premio Golden Poll a la mejor encuesta del año.

Finalmente, nuestra encuesta -toda una triunfadora- decidió abrir una escuela para encuestas, que llevó precisamente el nombre de Opinionae, hada benefactora de todas las buenas encuestas.

lunes, 9 de noviembre de 2009

La empresa afectiva


Cuando los socios se reunieron para aportar el capital ante el notario, ninguno de ellos podía imaginar que la empresa que en ese momento se gestaba formalmente, se conformaría en un ser vivo inimaginable.

Una vez que quedó firmada el acta constitutiva y se asignaron los correspondientes poderes, ella sintió que cobraba vida.

Como ente maduro plasmado en un acta notarial, esperó unos días a que el consejo de administración se reuniese para definir la misión, la visión, los valores, los objetivos y las políticas.

Es cierto que ella intervino con su abstracta influencia en la conformación de todo lo anterior. Así, algunos consejeros, completamente extrañados de las imposiciones de otros, protestaron por algunos conceptos, pero finalmente la minuta fue firmada sin objeciones. Todos ellos salieron de la reunión sorprendentemente satisfechos y con gran aprecio a sus compañeros. El cierre de la junta fue efusivo y cordial.

Entre los extraños valores aprobados, la empresa quedó definida como un ente afectivo, algo inédito en el mundo de los negocios.

Al día siguiente iniciaron las contrataciones de los empleados.

Desde la entrevista inicial, quienes pretendían un puesto laboral sintieron algo extraño: las entrevistas eran cálidas y emotivas.

Los recién contratados llegaron llenos de expectativas a su nuevo empleo, y hallaron mucho más de lo que esperaban. Se les capacitó adecuadamente en sus responsabilidades, pero se les hizo mucho hincapié en estimar a sus compañeros por encima de cualquier cosa.

Pasaban los días, y no solamente se conformaron excelentes equipos de trabajo, sino mucho más que eso: todos los empleados se aceptaban unos a otros como hermanos, como seres queridos, como de la misma familia. Adoraban a la empresa, su nombre, sus objetivos, su esencia.

Así, todas las tardes, a la hora de ir a casa, los empleados lloraban desconsolados su despedida hasta el día siguiente.

Poco después, un grupo solicitó a la Dirección General poder pernoctar permanentemente en el patio principal del edificio.

La afluencia de tiendas de campaña que apareció fue tan grande, casi total, que la empresa optó por construir dormitorios y baños junto a las oficinas.

Entre otras cosas nuevas, para abaratar de alguna manera la vida a sus empleados, la Dirección General puso ahí mismo una oficina con abogados para tramitar sus divorcios. La mayor parte de ellos, una vez separados legalmente de sus familias exteriores, hizo un gran ritual de adopción de la Madre Empresa y de Gran Hermandad con todos los demás compañeros.

Los accionistas de la empresa igualmente abandonaron a sus familias exteriores y se unieron a la Gran Hermandad.

Y una vez que cientos de empleados y accionistas radicaban permanentemente en el interior del enorme edificio, surgió la verdadera personalidad de la empresa: en realidad se trataba de un monstruo devorador de gente. Cerró herméticamente todas las puertas y ventanas, eliminó toda la comunicación con el exterior, y se dedicó a devorarlos uno a uno.

Una vez hecho lo anterior, la empresa se declaró en quiebra y desapareció para siempre.

domingo, 8 de noviembre de 2009

La ventana


Es el atardecer de un día de un fin de semana como cualquier otro. Mi familia -toda ella- sale apresurada a la calle a cumplir con consignas sociales y compromisos con seres semejantes que buscan relaciones mundanas para satisfacer su necesidad de comunicación.

Yo prefiero la tranquilidad del hogar. Tal vez sea porque tengo un secreto que solamente encuentra su oportunidad en las tardes aparentemente solitarias en casa, que no son muchas.

Cuando finalmente –y afortunadamente- me quedo solo, abro la ventana.

No hablo de la ventana con pistillo y marco de madera o metal con vidrios que asoman a la calle. Hablo de otra ventana, algo muy diferente, pero al mismo tiempo, muy parecido.

Es una ventana hacia otras dimensiones, hacia otros mundos. Más que una ventana, es una oportunidad para que otros entes y yo establezcamos extrañas relaciones muy positivas.

Un instante después de que la abro, empiezan a entrar por ella seres que los humanos considerarían extraordinarios. Habría que preguntarles a ellos qué opinan de la rareza de los humanos.

Poco a poco, ellos se van acomodando a mi alrededor. Creo que sienten amena mi presencia, pues enseguida se percibe su tranquilidad.

Después empiezan a contarme sus experiencias recientes. Algunas son de verdad difíciles de entender, porque sus mundos son complejos y muy diferentes del mío, pero a todos los escucho con atención, porque después ellos escuchan mis problemas, y de verdad siento que me comprenden.

Un ser humano inteligente que nos observase, consideraría estas extrañas reuniones como terapias grupales entre entes disímbolos, pero las calificaría de efectivas, pues de alguna manera todos salimos satisfechos.

Unos instantes después, mis colegas de otros mundos y dimensiones, salen por donde entraron, todos con sus rostros inexistentes llenos de sonrisas invisibles pero satisfactorias, y regresan a sus mundos esperando una nueva oportunidad de encontrar abierta mi ventana, ésa que solamente se abre cuando mi familia -toda ella- sale apresurada a la calle a cumplir con consignas sociales y compromisos con seres semejantes que buscan relaciones mundanas para satisfacer su necesidad de comunicación.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Entes subatómicos


Nació partícula. Nadie lo consultó al respecto. Asumió su papel.

No era un ser animado ni tampoco fantástico. Era una criatura subatómica, regida por las inmutables leyes universales de la física, cuya función era muy simple: ser emitida por una reacción nuclear, para después ser proyectada en busca de colisiones con átomos que se le atravesasen en el camino, para así destruirlos y multiplicar de esta manera a su especie, hasta la total extinción del universo, la llamada reacción en cadena.

Sin embargo, por una complicada anomalía científica, poseía una extraña y muy simple forma de conciencia. Ella sabía de su enorme potencial destructivo, y de ninguna manera lo disfrutaba.

Su inmutable trayectoria y su portentosa velocidad implicaban que muy pronto entraría en una colisión atómica fatal para el universo. Sólo un milagro lo evitaría, a pesar de todos sus esfuerzos.

Pero los extraños equilibrios de supervivencia del universo, regidos por entes superiores inimaginables, decidieron que no sería así. Para ellos no existía la fatalidad. Las leyes de la física podían asimilar excepciones, y éste era el caso.

Fue entonces que un extraño ente de índole fantástica apareció en escena: una especie de hada sabia y todopoderosa, igualmente subatómica, capaz de transformar a las radiaciones peligrosas en criaturas positivas, en seres favorables.

Fue así que Arec, la peligrosa partícula -gracias al hada Aleuta y a los indescriptiblemente sabios rectores del universo- fue dirigida justo al cerebro de Junat, el malvado duende negro a quien todos temían, y quien, según la leyenda de las Anciras, gracias el impacto de nuestra especial partícula en una de sus neuronas, sufrió un cambio radical favorable, y hoy se le considera el ancestro de los duendes buenos, aquéllos que mantienen los bosques de nuestro planeta libres de hombres lobo y otras criaturas tenebrosas.