viernes, 9 de enero de 2009

La lombriz de tierra


El escritor removía, con una cuchara de jardinero, la tierra bajo su rosal favorito, cuando de ella salió desconcertada una lombriz haciéndole contorsiones de reclamo por desordenar y destruir sus túneles.

No era, desde luego, cualquier lombriz de tierra, y siendo que el escritor necesitaba urgentemente un personaje de carácter para su próxima novela de terror, le propuso que ocupara el papel del temible gusano succionador de sangre humana.

Ella aceptó encantada su rol, y –como era excelente actriz- enseguida logró mucha fama literaria como personaje maldito en aquel libro que se vendió en grandes cantidades.

Sin embargo, a la hora del reparto del dinero, ella no quedó nada satisfecha. Fingió entonces que ofendida regresaba para siempre a la tierra bajo el rosal. Pero no fue así.

A la mañana siguiente, el cadáver del escritor fue hallado totalmente succionado justo frente a su rosal favorito.

Un terrible monstruo de la ciencia-ficción acababa de ser creado.

miércoles, 7 de enero de 2009

El silfo enamorado


Todos sabemos que los silfos de Idhún carecen de sentimientos y de emociones. Ellos viajan con el viento totalmente despreocupados.

Su única responsabilidad feérica es pensar en cosas baladíes, y estar siempre listos para fecundar a las hadas cuando éstas entran en celo, cosa que ocurre únicamente cuando la luna está llena y se torna de color púrpura, por efectos de alineaciones astrales muy poco probables.

Sin embargo, en una ocasión, por una aberración de la Naturaleza (que ese día amaneció turulata), un silfo de nombre Dardanio quedó prendado del hada Erina, responsable de cuidar y bendecir a los hijos de Tara, la princesa de Aragarania.

El hada, desconcertada por el anómalo comportamiento de ese particular silfo que le juró amor eterno, solicitó a Tara una oportunidad para vivir ese extraño romance. Ella, celosa hasta la médula, le negó cualquier permiso, y así Erina se vio atrapada entre la responsabilidad asignada por Hera –madre de todas las hadas- y su alterado corazón que anhelaba amar a Dardanio.

El silfo consideró que Tara era injusta con Erina, y decidió secuestrar a su amada, rompiendo con todas las costumbres de Idhún. Ambos huyeron al reino de Finis Mundi, pensando que ahí encontrarían la paz y el sosiego que sus amantes corazones anhelaban.

Pero Tara, muerta de celosa rabia, los persiguió hasta ese lejano lugar. Encontró el capullo de mariposa en donde los enamorados se refugiaban, y mató a Erina con una flecha envenenada con esencia de aracamelia.

Dardanio entró en ira, sentimiento que su especie jamás había conocido. Éste aprovechó el ser una parte del viento para convertirse en ráfaga huracanada, y así, con toda su fuerza, asoló el reino de Aragarania hasta dejarlo en ruinas.

Dicen los que saben de estas cosas que después de eso, Dardanio se suicidó respirando emanaciones de bromelia, esperando así encontrar a Erina en el Reino de los Muertos.

Esto jamás ocurrió, por lo que Dardanio, el silfo enamorado, es hoy un alma en pena que, herido en su corazón, busca el alma de Erina tras de las rocas marinas, convertido en dulce y cálida brisa, esperando que ella aparezca algún día para que aquel frustrado romance entre criaturas feéricas vuelva a renacer.



Pequeño cuento inspirado en las fantásticas historias de Laura Gallego García, joven literata valenciana, con una capacidad creativa fuera de este mundo.

lunes, 5 de enero de 2009

Los pájaros redentores de Timbuktú


Descendientes -según dice la leyenda- del ave fénix y de una extinta especie de hada de colores brillantes, los pájaros maravillosos de Timbuktú moran en las alturas de los frondosos árboles de un parque único, no muy lejos de esa población.

Los invisibles seres que los protegen preparan a diario un alpiste especial que hace que los pájaros cambien constantemente de plumaje y de color, y que canten melodiosamente compitiendo con los coros de ángeles que mencionan algunos libros sagrados.

Las personas que se acercan al lugar embelesadas por ese maravilloso canto y por los alegres colores mutantes de las aves mágicas, quedan protegidas contra los demonios del desierto sin siquiera saberlo.

De esta manera, los misteriosos e inmateriales guardianes del parque mágico de Timbuktú, cumplen con su mandato de rescatar a algunas almas de las garras del temible Irauzú, tenebroso enemigo milenario de la especie humana.

domingo, 4 de enero de 2009

El niño y el árbol


El pequeño Omar, a sus ocho años de edad, regresaba a casa después de pasar una agradable y agotadora tarde de juegos con sus amigos de la aldea. En el camino sintió que algo lo atraía: no era más que un árbol frondoso con una copa excelente. Cansado como estaba, optó por refrescarse unos minutos bajo la agradable sombra generada por ese majestuoso vegetal.

Decidió, para descansar, poner la cabeza sobre una enorme raíz que sobresalía del suelo, y de repente cayó dormido profundamente. Fue entonces que Ariuuu decidió presentarse en su sueño. Le dijo que era un árbol consciente, de cuatrocientos años de edad, que era amigo de la lluvia, del sol, del viento y del arroyo cercano, y que con todos ellos pasaba ratos muy agradables. También a él le propuso ser su amigo.

Omar despertó de aquel extraño sueño unos quince minutos después, y pensativo llegó a casa. Cenó, y sin contarle a nadie la loca experiencia de esa siesta bajo el árbol, se fue a la cama.

Esa noche volvió a soñar con el árbol, quien ahora le contó el resto de su historia: había sido sembrado por un ancestro suyo a quien quiso mucho, pues lo cuidaba con verdadero ahínco, pero un día éste tuvo que marcharse a una guerra de la que nunca volvió.

Así, Ariuuu quedó solo y triste. Como era apenas un arbusto, la pasó muy mal con la sequía, y sufrió muchísimo cuando un enorme incendio devastó la campiña a su alrededor.

Finalmente, después de veinte años y de muchos problemas, Ariuuu se convirtió en un árbol robusto a prueba de todo, pero aun así, se sentía muy solitario. Por eso empezó a buscar amigos. Recibió buena respuesta del sol, que lo calentaba en invierno; de la lluvia, que siempre llegaba a tiempo cuando la sequía se tornaba desagradable; del viento, que limpiaba sus hojas llenas de polvo para así poder respirar; y del arroyo cercano, cuyo permanente y musical ruido lo hacía sentirse acompañado.

Le dijo también a Omar que esa tarde, al verlo pasar por ahí cerca, decidió llamarlo, pues desde que era un arbusto no había tenido ningún amigo humano, y él parecía un niño agradable y confiable.

En ese mismo sueño, Omar le brindó su amistad para siempre, y le ofreció cuidarlo toda la vida en la medida de sus posibilidades.

Omar fue creciendo en la aldea, y todos los días visitaba al árbol para platicar discretamente, mientras éste, agradecido, movía sus ramas alegremente en señal de respuesta.

Ya en la adolescencia, todos los amigos de Omar decidieron emigrar en busca de mejores oportunidades en la vida, pero éste nunca lo pensó siquiera, pues sabía que su amigo árbol estaba ahí esperándolo y que necesitaba su compañía. No podía abandonar a su amigo con esas raíces que le imposibilitaban irse a otro lado.

Pasaron los años. Un día Omar se enamoró de la bella Fátima. En cuanto le tuvo un poco de confianza, platicó con ella acerca del árbol y de la amistad que los unía, y de las conversaciones diarias que tenía con Ariuuu. Ella, al principio, pensó que su nuevo novio estaba un poco loco, pero una tarde, descansando ambos bajo la sombra del árbol, Ariuuu le dedicó unos bellos y profundos pensamientos que la convencieron de que todo era cierto. Para ella quedó claro de que Omar y el extraño árbol eran amigos muy cercanos.

Poco tiempo después, Fátima y Omar se casaron. Lamentablemente él enfermó de algo muy grave y murió antes de cumplir el año de casado.

La familia de Omar pensaba enterrarlo en el cementerio de la aldea, pero Fátima se enfrentó a todos, y decidió, en su calidad de esposa, enterrarlo bajo la sombra de su árbol. Los aldeanos y la familia de Omar la tildaron de loca, pero no hubo fuerza humana que evitase que se hiciese la voluntad de Fátima.

Hoy Fátima tiene a diario sueños en los que platica con ambos, con Ariuuu y con Omar, y por ellos sabe que ahora ambos son un sólo ser.

Ella, hoy una anciana, no ha dejado de ir un solo día a la sombra del árbol a platicar de lo extraña que es la vida con su amado Omar y con su mejor amigo de toda la vida, Ariuuu, el árbol.

domingo, 28 de diciembre de 2008

La cervecería de los monstruos


Todas las mañanas, un poco antes del medio día, se reúnen en la cervecería de Drácula todos los monstruos de Villa Espantosa.

Suelen brindar con cerveza y comer tapas de dedos (sí, dedos de manos humanas) para matar el apetito y platicar de las monstruosidades realizadas la noche anterior.

Ahí el hombre lobo cuenta acerca de los niños devorados durante sus andanzas nocturnas, mientras que los vampiros eructan orgullosos sus empachos de sangre humana.

Frankenstein, quien está un poco desprestigiado en este círculo de amigos por tener fama de ser un buenazo, habla nada más de cómo la gente huye despavorida de su presencia cuando aparece por las calles de Ginebra.

Alien también platica de sus hazañas, pero desde otra mesa, pues tiene prohibido sentarse con los demás por los charcos de baba que va dejando. Hace siempre un recuento de los astronautas devorados, y presume de sus “ahorros” en cuerpos humanos en descomposición en su maloliente nido.

El jinete sin cabeza habla de degollados, mientras el monstruo de la laguna negra lo escucha boquiabierto con su aroma a pantano putrefacto.

Nessie sigue disfrutando de ser una leyenda desconcertante entre los habitantes de Escocia, si bien nunca habla de sus víctimas. Dicen las malas lenguas en la cervecería que solamente devora peces.

Un poco más tarde aparecen por ahí algunos zombies hambrientos que no lograron satisfacer su apetito la noche anterior, a pesar de sus largas rondas por las calles de la ciudad, pero como el frigorífico de Drácula está siempre lleno de brazos y piernas humanas, ellos disfrutan de sus cervezas, mientras matan el hambre que les genera el vivir enterrados en el cementerio local, y escuchan divertidos las hazañas ajenas.

Y así, entre historias, chistes y bromas, la reunión se prolonga hasta altas horas de la tarde, cuando el sol empieza a ponerse, pues llega la hora de retirarse a ganarse la vida. Piden la cuenta y la pagan como debe ser.

Todos ellos son criaturas serias y productivas. Tienen familia y muchas responsabilidades que atender durante la naciente jornada laboral.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Los árboles danzantes del arroyo Atongo


Aproximadamente una vez cada cien años, cuando el dios Tepoz está de buen humor, hace transportar en su viento decenas de nubes cargadas de agua embriagada en los magueyales de Ipacaramba, y las hace llover sobre la montaña mágica que alimenta el arroyo Atongo.

Cuando estos muy especiales torrentes de agua fluyen por el frondoso valle de Tepoztlán, los duendes que habitan las riberas del arroyo salen de sus madrigueras y, con sus espléndidas flautas, dedican al dios Tepoz hermosas melodías inéditas para él compuestas.

Es tan hermosa esa música que cientos de árboles milenarios, cuyas raíces se nutren con el agua embriagada, se unen al festejo divino y bailan frenéticamente toda la noche al compás de las magníficas flautas.

Al amanecer, los duendes ya cansados regresan a sus madrigueras, y los árboles descansan extenuados, mientras el dios Tepoz, ya aletargado, se da por satisfecho por los próximos cien años.

domingo, 21 de diciembre de 2008

El remanso


No había sido fácil crear aquel lugar tan agradable, y mucho menos el darle confianza a las delicadas criaturas que ahora lo frecuentaban.

Entre aquellos tenues seres había un temor instintivo a los humanos, y él era, lamentablemente, uno más de aquella aberrante especie predadora.

Miles de años de cacería indiscriminada, de persecución implacable, las habían hecho desconfiadas respecto a su especie, así que tuvo que construir algo de verdad apacible, además de romper temores bastante justificados.

Pero hoy la labor estaba casi completa: decenas de hadas del género amirabis habían establecido sus nidos en su paraíso artificial, y sus larvas se desarrollaban adecuadamente, en un clima templado y dulce.

Orgullosamente podía decirse que estas hadas ya no eran criaturas en riesgo de extinción, pero aún había que velar por ellas, pues decenas de cazadores furtivos anhelaban atraparlas para succionarles su esencia mágica, en donde radicaba su capacidad de generar ilusiones y optimismo en todas las criaturas del universo.

Ellas eran la única opción de los seres vivos para seguir creyendo en que el día siguiente sería mejor que el anterior, y eso era, de verdad, invaluable.