domingo, 1 de agosto de 2010

La noche de las acefalaquias


“¿Y qué son las acefalaquias?, preguntó mi nieto.

“Pues eso:
acefalaquias, ni más ni menos que acefalaquias”, fue mi respuesta.


Aquella noche las acefalaquias decidieron salir de sus guaridas. En pocos segundos penetraron todos los cerebros humanos y emborracharon a todas las neuronas.

Éstas, desconcertadas por la inusitada presencia de las acefalaquias, olvidaron sus responsabilidades, y cada una dejó brotar su individualidad. Sus dendritas se movían a placer, y sus núcleos cambiaban de color a cada instante. Aquello era peor que un caos.

Toda la gente se volvió ilógica, irresponsable, inconsciente, irracional, desconocida, durante los pocos minutos en que las acefalaquias poseyeron a sus neuronas.

Pero se sabe de siempre que los humanos aburrimos mucho a las acefalaquias, por lo que aquel excepcional estado alterado duró muy poco tiempo. Éstas decidieron volver a sus guaridas en quiénsabedónde, y pronto las cosas volvieron a ser como eran antes.

Efectivamente, los humanos regresamos enseguida a nuestra vida de siempre, a seguir todos haciendo las estupideces acostumbradas, ni una más ni una menos.

viernes, 30 de julio de 2010

La pompa de jabón atómica


A veces es difícil distinguir entre un fanático y un ser con determinación.

De alguna manera que jamás sabremos, la pompa de jabón de esta historia, desde que era parte del jabón original en un frasco irrelevante, supo de la bomba de Hiroshima y de todo el desarrollo posterior de la energía nuclear.

No era ingenua, y sabía de sobra que las pompas de jabón tienen una vida muy corta, y que revientan con el contacto de cualquier objeto con aristas afiladas, con afectaciones irrelevantes.

Ella simplemente no se resignaba acabar con su efímera existencia reventando y rociando de jabón a los objetos que estaban a unos cuantos centímetros a su alrededor. Sus pretensiones eran inmensas.

Desde pequeña conocía el significado de lo que hoy conocemos como megatones y de su enorme poder destructivo. ¿Por qué al reventar iba a ser ella menos que sus colegas, las bombas atómicas, nucleares y de fisión?

Fue así que se concentró en su esencia, que meditó su lugar en este universo, y así, al nacer como pompa de jabón, decidió ser grande y poderosa.

Cuando Juanito, en el Parque de las Rosaledas, sopló para conformar a nuestra pompa de jabón, jamás imaginó que en unos cuantos segundos la ciudad y buena parte de sus alrededores, quedarían totalmente destruidos. Cientos de miles de muertos fue el saldo de aquella inesperada e increíble explosión.

Sin embargo, la pompa de esta historia murió insatisfecha y frustrada, pues no llegó a su objetivo: ni siquiera se acercó al potencial destructivo de la bomba de nitrógeno recién anunciada por el Ejército de los Estados Unidos.

Cosas de la vida.

jueves, 29 de julio de 2010

La Sociedad Secreta de los Secretos que se van a la Tumba


En nuestro mundo hay varias clases de Secretos: los Secretos Discretos que tarde o temprano, por lo que sea, dejan de serlo; los Secretos a Voces; los Secretos de Estado; y los Secretos que se van a la Tumba.

Todos ellos tienen sus características propias, pero los más interesantes y preocupantes son los últimos, los que se van a la tumba con el muerto.

No todos los Secretos son igual de maduros. Muchos de ellos disfrutan el serlo porque coquetean con la tentación de ser descubiertos en vida, y cuando esto ocurre pasan momentos de gloria, de felicidad, pero finalmente dejan de ser Secretos para convertirse en Chismes o Rumores, lo cual puede llegar a ser denigrante.

El caso de los Secretos que se van a la Tumba tiene otras implicaciones: se pensaría que es poco probable que algún día sean descubiertos, y por eso generalmente se mueren del aburrimiento bajo las losas de los cementerios…excepto por algo que la ciencia acaba de descubrir.

Los secretólogos de la Universidad de Nueva Hampshire del Sur han descubierto que los Secretos que se van a la Tumba se reúnen todas los anocheceres para contarse los unos a los otros. Siguen siendo Secretos, pues ningún humano, excepto los muertos con quien se enterraron, los conocen.

Pero en esta así llamada Sociedad Secreta de los Secretos en la Tumba, existen varias posturas antagónicas.

Están los ortodoxos, que por nada dejarían de ser secretos, y están dispuestos a seguir enterrados el resto de sus existencias. Son verdaderos fanáticos de su postura.

Están los temporalistas, que respetan al muerto, pero que consideran que después de cierto tiempo deben salir a la luz, cuando ya no existan humanos vivos que se vean perjudicados con su emersión.

Y están los frustrados, que se arrepienten de su actual situación y desean salir inmediatamente de su status y convertirse en Secretos a Voces.

Las sesiones de la Sociedad Secreta de los Secretos que se van a la Tumba son democráticas y respetuosas, por lo que hasta ahora la mayoría de los ortodoxos ha mantenido el control. Pero es un hecho que cada día se incrementa el número de los frustrados, y es posible que en unos pocos meses su voto sea definitivo, y millones de ellos se conviertan en Secretos a Voces.

Los científicos que estudian a estas criaturas están muy pendientes y preocupados de las consecuencias que viviríamos los humanos el día en que la hoy minoría de frustrados entre los Secretos que se van a la Tumba se convierta en mayoría. Esperemos que no suceda.

lunes, 26 de julio de 2010

El Irrefutable Principio de la Calabacización de las Calabazas


Nota del autor para los lectores que jamás han pasado por Airot: el término calabacizar es muy frecuente entre los duendes de Airot, y significa convertir una calabaza en otra calabaza.

Cuando los viajeros intrépidos logran llegar después de muchas penurias al distante pueblo de Airot, lo primero que ven a lo lejos es un monumento grande en la plaza principal, en el que se ve la estatua de un orgulloso duende de pie frente a una extraña máquina y con una gran calabaza en sus manos.

Ese duende, que en vida fue un sabio científico e inventor muy respetado por los habitantes de ese alejado pueblo, es Maggioto, quien lamentablemente falleció cuando uno de sus extraños inventos explotó a su lado.

La historia de Maggioto es muy aleccionadora, porque su sabiduría era inmensa.
Un día, cuando apenas era un duende mozalbete e imberbe, logró, con su privilegiado cerebro, con unas pocas cuartillas de papel, con una desgastada pluma de ganso tordo y con un tintero de tinta verde, escribir unas complicadas fórmulas que a la postre lo llevaron a descubrir un importante principio de la física.

Como era joven, no todos le creyeron, y fue entonces que decidió dedicar toda su vida, sus recursos y su energía, a demostrar que tenía razón en su brillante y relevante conclusión.

Fue así como unos años después fue reconocido por haber sido el creador del Irrefutable Principio de la Calabacización de las Calabazas, que decía ni más ni menos lo siguiente:

“Dándose las condiciones apropiadas, una calabaza puede desaparecer generando al mismo tiempo una calabaza idéntica a la anterior hasta en el último detalle, y el tiempo que transcurre entre la desaparición de la calabaza original y la aparición de la calabaza resultante es tan corto que resulta imperceptible para los duendes.”

Si bien bastó el reconocimiento público del alcalde de Airot para que la gran mayoría de los duendes locales le creyesen, había por ahí algunos escépticos que decían que era imposible calabacizar una calabaza.

Fue entonces que Maggioto, ofendido, solicitó un crédito al Ayuntamiento de Airot para construir la máquina que llevaría a la práctica el Irrefutable Principio de la Calabacización de las Calabazas.

Ya con el dinero en la mano, él y su sobrino Maggiano se encerraron en su taller a trabajar, ocultos de la curiosidad de los duendes locales que se apasionaban por ver los resultados del misterioso ingenio que se gestaba tras de aquellas paredes.

Tardaron un poco más de un año, hasta que una tarde las trompetas oficiales del Ayuntamiento anunciaron con toda pompa que la máquina de Maggioto estaba lista. Ese mismo día se puso fecha para la gran demostración, precisamente en la plaza principal de Airot, justo en donde hoy se encuentra el monumento ya mencionado que se ve desde cualquier parte del pueblo.

Llegado el gran día, se juntaron cientos de duendes curiosos, la mayoría creyentes en Maggioto, pero también estaba por ahí la media docena de escépticos que nunca faltan y que refutaban el Irrefutable Principio de la Calabacización de las Calabazas.

Fue entonces como –con pompa y ceremonia- el señor Alcalde llevó a la plaza una enorme calabaza para ser calabacizada frente a todos los locales.

El señor Notario tomó nota de su tamaño, de su peso, de su color, de sus estrías, de sus manchas y defectos, asentando todo aquello en un acta oficial, mientras los desesperados mirones deseaban que el espectáculo iniciase cuanto antes.

Una vez registrada, palpada y certificada por el señor Notario la mencionada calabaza, éste la puso en manos de Maggioto, quien con un extraño ritual acabó poniéndola en la cavidad central de la misteriosa máquina calabacizadora de calabazas.

Una vez que la calabaza estuvo en su lugar, se cerró la escotilla, y nada se podía ver de lo que podía ocurrir allá adentro.

Entonces Maggioto solicitó a su sobrino Maggiano que encendiese la máquina, lo que éste hizo presionando un botón, pisando un pedal y halando una palanca. Acto seguido se escucharon ruidos y crujidos, y se sintieron vibraciones provenientes del interior de aquel ingenio, y cinco minutos después, ante los desesperados ojos de los duendes presentes, la máquina se calmó.

Fue entonces que Maggioto procedió a abrir la escotilla y retiró de la cavidad una calabaza idéntica a la original en todos los detalles: diámetro, peso, color, estrías, manchas y defectos, ante los maravillados ojos de los duendes que observaban aquel portento.

El notario quedó impresionado de la semejanza entre la calabaza original y la que en ese momento tenía en sus manos, y con lágrimas en los ojos gritó para que todos lo escuchasen: “¡El Irrefutable Principio de la Calabacización de las Calabazas es irrefutable! ¡Las calabazas son idénticas!”

El pueblo entero gritó de felicidad, y Maggioto y Maggiano fueron levantados en hombros por las multitudes. Fue una noche inolvidable.

La fama de Maggioto trascendió, y un día el Alcalde le encargó que inventase una máquina para calentar el agua caliente. Fue entonces que, ya con el invento muy avanzado, éste explotó y mató a su creador.

Una vez enterrado Maggioto en el Cementerio de los Duendes Ilustres en un lacrimógeno funeral, procedieron a levantarle su monumento en la plaza principal.

Unos meses después, su sobrino Maggiano convocó a la ciudadanía para informar de un nuevo principio científico que acababa él de descubrir: se llamaba el Irrefutable Principio de la Bicicletización de las Bicicletas, y, ante los escasos escépticos, aseguró que pronto, muy pronto, verían una maravillosa máquina que desaparecería una bicicleta y dejaría a cambio otra idéntica en todos sus detalles.

El señor Alcalde procedió entonces a otorgarle un crédito inmenso al sobrino del gran Maggioto, pero éste desapareció de Airot pocos días después con todo el dinero que se le había entregado.

Hoy, veinte años después de la desaparición de Maggiano y de los fondos del Ayuntamiento, los apasionados duendes de ese lejano lugar todavía creen en que un mágico día, algún otro descendiente del gran Maggioto llegará para demostrar científicamente el Irrefutable Principio de la Bicicletización de las Bicicletas, apasionante tema pendiente en los anales de aquel distante pueblo de Airot.

sábado, 24 de julio de 2010

El minino


Era un animalito tierno al que cualquiera habría querido acariciar. No era esquivo, y se acercaba a los transeúntes arrimándose todo lo que podía, restregando su peludo rabo en las piernas de la gente, de una manera que encantaba a todos. Se sentaba en los regazos de los humanos y ronroneaba feliz.

Por las noches era otra cosa: salía a la calle en busca de víctimas. Se ocultaba en los oscuros rincones, y saltaba de repente para clavar sus colmillos en las arterias de los incautos noctámbulos, y luego les succionaba la sangre hasta la muerte.

Todas las mañanas en aquel barrio aparecían decenas de cadáveres secos como uvas pasas, con insignificantes y casi invisibles mordidas en el cuello, muy difíciles de identificar.

El hermoso y tierno minino observaba a diario como la camioneta de la morgue recogía aquellos cadáveres secos, mientras los agentes de la policía desesperaban en busca de una explicación a esos horrendos espectáculos que se repetían cada noche.

Y un día, de repente, el gatito vampiro dejó de hacer de las suyas. Nunca nadie lo supo, pero una gatita sensual y provocativa lo enamoró, y mientras fornicaban, lo devoró hasta los huesos.

Los cadáveres secos de seres humanos pasaron a ser una leyenda urbana.

La policía, desconcertada, empezó a recibir denuncias de gente desaparecida sin dejar el menor rastro.

Alina, la sensual y provocativa gata antropófaga, se había adueñado de aquel barrio.

jueves, 15 de julio de 2010

Las Expectativas, las Circunstancias, las Hormonas y el Disgusto y


El Universo está lleno de deidades menores que, ocultándose de los grandes designios de los dioses consagrados, hacen de las suyas en las nimiedades de la vida de los patéticos humanos.

Juan se había esforzado varios años para llegar a aquella gerencia. Para ello estudió inglés y francés. Madrugó todos los días para tener un historial de puntualidad impresionante. Nunca faltó al trabajo, y sus resultados en el cumplimiento de sus objetivos eran excelentes. Todos en aquella oficina lo sabían y reconocían.

Finalmente se dio la vacante del jefe, a quien la compañía decidió darle la plaza de Director de Exportaciones en Hong Kong.

Las terribles Expectativas habían contaminado el cerebro de Juan. No habían dejado el menor hueco para otras opciones.

La decisión de quién lo remplazaría estaba en Jonathan, un ejecutivo serio y avezado, objetivo e incorruptible, con muchos años en la empresa.

Jonathan revisó con todo cuidado los expedientes de todos aquellos que merecían el ascenso, y obviamente Juan arrasaba con todas las expectativas…menos una.

Las Circunstancias se habían despertado un poco tarde aquella mañana, seguramente ocupadas en otros asuntos, pero llegaron oportunamente.

Aquella mañana, Mariana se levantó a destiempo, como era su costumbre. Nunca se había esforzado en el cumplimiento de sus funciones, siempre llegaba tarde y entregaba sus trabajos mal y con rezago, y ni de milagro pensaba en merecer el puesto vacante. Sabía de sobra que Juan era el indicado.

Pero ese día, Mariana encontró casualmente en su guardarropa una falda apretada y corta que hacía tiempo que no se ponía. Decidió –sin pensar en ninguna otra cosa- que era el momento de recircular aquella abandonada prenda.

Así, como siempre ocurría, Mariana entró a la oficina de Jonathan para disculparse por el retraso y por el trabajo que no había entregado la semana anterior, como era su compromiso.

Las Hormonas decidieron entonces entrar al juego. Los descubiertos muslos de Mariana lo justificaban, más allá de cualquier mérito o demérito laboral previo.

Jonathan, acostumbrado a ver a Mariana desarreglada y con su ropa conservadora, se sorprendió de la minifalda, y en ese momento entraron en juego otros factores alrededor de la decisión que tenía que tomar esa tarde.

Al día siguiente por la mañana, un memorando colgado en un tablero en la oficina principal, acabó con las merecidas esperanzas de Juan, y sorprendió a todos sus compañeros, incluyendo a la incrédula Mariana: ella había sido nombrada gerente.

Juan –al leer aquel inesperado oficio- entró en depresión súbita. Sintió ganas de vomitar y decidió tomarse el día para asimilar aquella relevante decepción.

El Disgusto, que había presenciado en silencio todo el proceso de sustitución del jefe de Juan, decidió finalmente hacer acto de presencia. Con su sonrisa burlona, aplaudió el excelente trabajo de las Circunstancias y de las Hormonas. Pasó una noche excelente, mientras Juan, en el bar, rumiaba su fracaso.

Al día siguiente, Mariana -.quien por primera vez en su vida llegó temprano a la empresa- llamó a Juan para asignarle nuevos objetivos y planes de trabajo.

lunes, 12 de julio de 2010

El cuento encarcelado


Era un cuento brillante, lleno de emociones y sorpresas, perfectamente escrito, en el que seis personajes lucían su talento en los papeles que les fueron asignados.

Pero afuera, en aquello que los cuentos y sus personajes conocen como el mundo del autor, aparecieron problemas.

El editor no ofrecía el dinero que el autor creía merecer. Los abogados pelearon por los derechos de autor, y en los tribunales el juez asignado concedió la razón al editor, cuya oferta económica era absurda.

Fue así que el autor, en todo su derecho, retiró la oferta del cuento, y lo guardó en un USB hasta que un día apareciese un editor dispuesto a pagar lo que él consideraba justo.

El cuento y los personajes, encerrados en el USB, no sabían lo que afuera ocurría.

Un día, tras de recibir varias propuestas económicas inviables, el autor entró en depresión, y una mala tarde decidió eliminar el cuento para siempre. Borró completamente el USB y no dejó ni siquiera una copia impresa de aquella excelente historia.

Los seis excelentes personajes fallecieron junto con el cuento en el preciso momento en que el frustrado autor presionó la tecla DELETE de su ordenador.