domingo, 10 de abril de 2011

Lamentable tragedia en el reino de los sueños



A pesar de que los avezados guardias de palacio vieron llegar por los aires a la bestia flamígera, la princesa Mariana -quien se asoleaba tranquila en la terraza frente a la fuente de los cisnes- fue atrapada por las garras de aquel temible y rápido dragón.

Todos los presentes vieron como aquella pavorosa bestia se perdía entre las nubes llevando entre sus enormes garras a la bella damita, precisamente unos días antes de su boda con el valeroso caballero Froylán de Berebán.

En escasos minutos, todo el reino de Tratarinia supo de aquella enorme tragedia, y miles de súbditos se acercaron al palacio para llorar frente al balcón en donde los desconsolados padres de la princesa gemían de dolor por la enorme pérdida.

Mientras tanto, el caballero Froylán de Berebán -quien estaba de viaje imponiendo justicia entre los perversos bandoleros de la región- regresó alarmado a la ciudad para ver si algo se podía hacer para recuperar a su desaparecida prometida.

Nada más llegar a Tratarinia, sus informantes le dijeron que el dragón secuestrador era ni más ni menos que Arionte, bestia que obedecía ciegamente a Ulterato, el pavoroso hechicero que unos años antes le había jurado venganza por una afrenta del remoto pasado .

La buena noticia era que el caballero Froylán de Berebán sabía en qué gruta moraba el dragón Arionte.

La mala noticia era que se trataba de una bestia voraz, que en cualquier momento podría devorar a la princesa.

Como sea, su obligación de caballero y el inconmensurable amor por su dama, le hicieron emprender la larga y azarosa ruta hacia la árida montaña en donde radicaba la bestia.

Fueron varias penosas jornadas las que le llevó al enfurecido Froylán de Berebán a divisar la entrada de la gruta del abominable Arionte.

Y cuando el caballero estaba a escasos metros de la oscura boca de aquel pavoroso antro, blandiendo su poderosa y letal espada, el reloj despertador sonó en la mesa de noche de Juan Martínez Rodríguez, quien por ello dejó su sueño inconcluso, obligado a saltar de la cama inmediatamente para ir a trabajar y así satisfacer sus necesidades económicas del día a día.

Los personajes de aquel sueño lamentaron por siempre esa definitiva interrupción, pues por ella, el caballero Froylán de Berebán jamás pudo recuperar a la princesa Mariana.

La esperada boda, por lo tanto, jamás se llevó a cabo.

Los soberanos padres de la princesa, lloraron lágrimas amargas el resto de sus vidas, y el reino de Tratarinia nunca más recuperó su alegría.

Un maldito reloj despertador en la mesa de noche de un modesto empleado de banco, acabó con la ilusión de todos los maravillosos personajes de aquel importante sueño.

miércoles, 23 de febrero de 2011

La hora feliz


En aquel mundo fantástico en que solamente él regía, el escritor de cuentos decretó que todos los días, un poco antes del anochecer, todas las criaturas de su reino deberían guardar una hora de especial calma y tranquilidad:

Todas las cadenas alimentarias quedaban puntualmente suspendidas; los depredadores jugueteaban amorosamente con sus presas potenciales, y éstas olvidaban de momento sus temores y rencores; las madres paseaban a sus cachorros sin ningún tipo de miedo; los venenos se neutralizaban a sí mismos; las garras, las zarpas y los colmillos se guardaban discretamente.

Y gracias a eso, el escritor disponía de la calma necesaria para escribir sus maravillosos cuentos acerca de todas esas civilizadas y obedientes criaturas salvajes.

lunes, 17 de enero de 2011

El punto final que se negó a serlo


Desde que fue concebido, fue un excelente discípulo de punto final. El Hada de la Literatura lo consideraba magnífico, por lo que lo guardó para cerrar un cuento extraordinario.

Y sí: el cuento reservado para nuestro punto final era estupendo…demasiado estupendo.

A pesar de que esperó mucho tiempo para esta oportunidad, el punto final se negó a cerrar definitivamente aquella bella de historia de amor que terminaba con un simple y vivieron felices por siempre.

Él no podía formar parte de aquel final tan injusto, porque la princesa y el príncipe de esa historia habían luchado mucho por su amor y merecían disfrutar de su bien lograda felicidad muchos más párrafos.

El Hada de la Literatura, disgustada con nuestro punto final, buscó un remplazo que aprovechó inmediatamente la oportunidad que se le presentaba de concluir aquel hermoso cuento.

El punto final de nuestra historia vivió el resto de sus días repudiado por el Hada de la Literatura y murió desempleado, pero muy orgulloso de no haber sido él quien había mermado la merecida felicidad de aquella sufrida pareja de adorables y enamorados príncipes.

domingo, 16 de enero de 2011

La leyenda del pastor de los dragones


Ellos volaban lejos, desde la abrupta montaña púrpura, para alimentarse de reses y borregos, cerca de las aldeas humanas.

Él cultivaba flores en aquel prado regado por dos prístinos arroyos.

Todos los atardeceres, los dragones, ya cansados de la jornada, se acercaban ahí buscando el aroma de aquellas flores que les servían de agradable postre y los embriagaban con su dulzura.

Pero aquel hombre les ofrecía además algo muy especial. Era un pastor de dragones que los nutría de ternura, de tranquilidad, de calma.

A su lado, los temibles dragones machos bajaban la cabeza agradecidos; las hembras desovaban sin temor a los depredadores; y los dragones niños jugueteaban felices.

Él tenía el don de la serenidad, del sosiego.

Bastaba con eso para que ellos lo adorasen.

Un día el pastor fue asesinado por los hombres.

Fue entonces que se desató la furia de los dragones contra los humanos.

viernes, 14 de enero de 2011

Los devoradores sintácticos


Se especuló mucho acerca de su origen y de su naturaleza.

Hubo quien los consideró seres extraterrestres, pero jamás quedó claro cómo llegaron a la Tierra.

Por ser criaturas invisibles, jamás pudieron ser atrapadas para ver si poseían ADN o algo semejante.

Lo único cierto de su presencia entre nosotros era su voracidad sintáctica, o sea, que se alimentaban únicamente de signos de sintaxis, por lo menos al principio.

Así un día todos empezamos a notar la falta de las comas y luego de los puntos al final de cada frase en lo que leíamos o escribíamos

Siguieron los puntos y aparte y más adelante los dos puntos los puntos sucesivos y el punto y coma

¿Qué estaba ocurriendo? se preguntaron los gramáticos

Eso fue antes de que los devoradores sintácticos se comieran los signos de interrogación

Después extrañamos los signos de admiración y si bien nos admirábamos de lo que estaba sucediendo nunca pudimos expresarlo adecuadamente por la falta de elementos gramaticales

Unos dias despues notamos que se estaban comiendo los acentos de todos los idiomas por lo que entramos en una desesperante etapa de comunicacion escrita atonica

mas tarde empezamos a extrañar las mayusculas y no imaginabamos hasta donde iban a llegar esas despiadadas y voraces criaturas de origen desconocido

lamentablemente nos dimos cuenta de que las vocales mpezabn a dsparcer pco a pco

uns dis desps la scritur era csi ilgble y ls letrs sguian dsparcindo

la gran trgdia fue cando ls dvrdors sntcticos se cmiern la ltra j

sin sa mrvllsa ltra nnca mas pdims scribr carao

miércoles, 5 de enero de 2011

El brindis


“¡Claro que me gustan los muslos de duende! Es sólo que a veces resultan un poco correosos”.

“No si los pones a remojar en vinagre recién sacrificados.”

“Bah: prefiero mil veces las rebanadas de hada. Son muy tiernas y tienen un excelente sabor”.

“De acuerdo: a mí también me gusta comer hada, pero ya casi no existen. Son tan raras y caras como la carne de unicornio”.

“Y hablando de filetes de unicornio: ten cuidado, porque en el mercado negro venden carne de hombre lobo diciendo que es de ese equino monocornúpeta casi desaparecido”.

“Así es esto: lo bueno escasea. Recuerdo cuando había dragones. Eran deliciosos al mojo de ajo. Lamentablemente se agotaron por la voracidad de los restauranteros. Después intentaron establecer granjas de cría, pero esas bestias, cuando se criaban en cautiverio, sabían amargas. Fue un fracaso aquel proyecto”.

“Tengo por aquí una lata de diablillos de caverna en aceite de oliva. ¿Qué te parece si la abrimos antes de sentarnos a comer? Son deliciosos, ¡y afrodisíacos!”

“Me parece bien para abrir el apetito antes del estofado de cíclope al vino tinto que tu mujer preparara deliciosamente. ¡Con lo caros que están!”

“Bueno: y cuando acabemos de comer, iremos a cazar zombies cerca del cementerio. ¿Te parece?”

“Me haces recordar cuando salíamos de noche a cazar vampiros. Eso sí era divertido, pero nunca como aquella noche en que acabamos con casi todas las suegras del mundo”.

“Sí, pero no me lo recuerdes: eran indigeribles. ¡Qué carne tan horrorosa! Era divertido matarlas, pero comérselas era terrible. Eran casi un castigo de Dios. Afortunadamente las exterminamos a palos”.

“Pues bien: llegó la hora del brindis. Hagámoslo por la humanidad, por nuestra especie tan sana y benévola. Brindemos por nuestra descendencia, a la que hemos liberado de tantas odiosas criaturas fantásticas que no necesitamos en nuestro entorno”.

“¡Salud, amigo!”

“¡Salud, compañero!”

sábado, 1 de enero de 2011

El Año Nuevo de segunda mano


Con todo mi aprecio, dedicado a mis amigos que suelen celebrar los Años Nuevos con algarabía. Otros (pocos) somos algo escépticos al respecto.



Nadie ha sabido jamás de donde vienen los Años Nuevos, ni quien los inventa, y mucho menos lo que contienen (o van a contener).

Para dejar esto claro, digamos de una vez que ese 2011 era ni más ni menos que el 2010 disfrazado de 2011.

Durante las doce campanadas con que se cerraba el 2010 y se iniciaba el 2011, la algarabía y el licor ingerido no permitieron que la humanidad supiese que ese Año Nuevo era un verdadero fraude; que los días, las semanas y todos los eventos serían repetitivos: más de lo mismo, con pequeñas variaciones maquinadas por ese desconocido autor o inventor de los Años Nuevos a quien jamás conoceremos.

Fue hasta mediados de marzo cuando un economista del prestigiado diario Washington Post publicó un artículo en el que afirmaba que 2011 presentaba exactamente las mismas tendencias que 2010, pero nadie interpretó aquello correctamente.

Un par de semanas después, el Servicio Meteorológico de Australia indicó que el patrón de tifones de ese nuevo año sería muy parecido al del año anterior.

En abril, la Orquesta Filarmónica de Londres anunció su programa de conciertos para la temporada de verano de 2011. Muchos aficionados a la música se dieron cuenta de que era idéntico al del año anterior, y protestaron ruidosamente, habiendo olvidado que en 2010 se habían quejado por la misma razón.

En el mes de junio, la humanidad empezó a atar cabos, y quedó claro de que había un fraude sensacional alrededor del 2011. Era un año usado, un año repetido, un año de segunda mano: la humanidad había sido estafada.

Empezaron las manifestaciones de protesta, primero ante la sede de la Organización de las Naciones Unidas, por lo que su Secretario General ofreció un discurso en el que –reconociendo que efectivamente 2011 era el mismo 2010 reciclado- dejó en claro que su entidad nada tenía que ver con aquel relevante fraude.

Las multitudes ofendidas se dirigieron entonces a manifestar ante las autoridades religiosas, culpándolas de la magna e inédita estafa. El Vaticano se apresuró a aclarar que el Año Nuevo era una celebración pagana, pre-cristiana, lavándose las manos del hecho. Lo mismo hicieron las autoridades musulmanas, las budistas, las hindúes, todas.

En septiembre ya había quedado suficientemente claro que 2011 era 2010 disfrazado de 2011, y la humanidad se encontraba apesumbrada y frustrada porque no se encontraba al culpable del desaguisado.

Fue entonces que en un golpe de audacia no del todo meditada, el Vaticano decidió culpar a Zeus, el dios pagano, de haber alterado el calendario para repetir el año 2010 en lugar de generar un verdadero Año Nuevo.

Las masas enardecidas por el fraude destruyeron todas las ruinas griegas relacionadas con Zeus, dios de la justicia cósmica, y decidieron adorar en cambio a muchas deidades inferiores, sobre todo a las que la mitología señalaba como enemigas del poderoso y ahora desprestigiado dios olímpico.

La única diferencia entre 2010 y 2011 fue entonces el enorme resurgimiento del paganismo griego, en detrimento de todas las religiones contemporáneas, cuyos templos quedaron vacíos y sus finanzas exiguas.

Finalmente 2011 mostró ser en algo diferente a 2010, aunque había mucho escepticismo al respecto: podía tratase de una maniobra para calmar a las masas enardecidas.

Nunca quedó claro si esta diferencia -el regreso del paganismo- se había dirimido en el Olimpo o había sido manipulada por la ONU o el Vaticano para quitarse las presiones del caso.

Afortunadamente, al final de diciembre, llegó la Noche Vieja con sus mismas doce campanadas de siempre.

La algarabía y el licor hicieron que el fraude se olvidase, pero, en esa alegría irresponsable, nadie se percató de que 2012 era también una copia perfeccionada de 2010.

El desconocido y misterioso creador de los Años Nuevos, había ganado experiencia.