viernes, 4 de julio de 2008

Toda la ternura del mundo

El abuelo tomó al bebé recién nacido en sus brazos con todo el cuidado posible, y lo arrulló cantándole una dulce canción de cuna. Era su primer nieto, así que la ocasión era de verdad especial. Le besó la frente con toda ternura. Con sus enormes manos lo acarició durante horas.

Después, el abuelo emprendió el vuelo a la mitad de la noche en busca de víctimas con quienes nutrir su hambre de sangre. Esa noche Drácula estaba feliz, y soñaba con compartir esa grata experiencia, en alguna ocasión, con su amado nieto recién nacido.

jueves, 3 de julio de 2008

La esencia hueca

La esencia llegó de los grandes espacios vacíos del universo justo para anidar en un agujero hueco e inmaterial en el medio de la nada. Su pensamiento estaba en blanco, así que decidió dormirse, y soñó con grandes extensiones desiertas, sin arena, sin seres vivos, sin paisaje y sin horizonte. Ni ella misma aparecía en su sueño sin sentido.

Finalmente, bostezando, reconoció que su vida carecía por completo de razón de ser.

miércoles, 2 de julio de 2008

El agotamiento de las musas

El brillante, exitoso e hiperactivo creador de muchas especialidades literarias, artísticas, arquitectónicas y científicas, sometió durante mucho tiempo a la totalidad de las musas del universo a un tren de trabajo inconmensurable, al extremo de que un día, sin previo aviso, éstas se declararon agotadas. Por más que el embalado genio les pedía un esfuerzo adicional para continuar con sus creaciones, ellas ya no podían ni siquiera moverse.

Después de una temporada en esas condiciones estáticas, todo parecía indicar que la humanidad se estancaría irremisiblemente en ese momento de la historia, sin más obras de arte, sin más inventos, sin más innovaciones.

El desconcertado inventor y artista no sabía qué hacer, acostumbrado como estaba a dejar volar su portentoso cerebro en manos de las musas.

Después de varios días de estéril y frustrante ocio, el genio decidió buscar una solución por sí mismo…y la encontró. Mezcló brebajes y pociones, líquidos y sales, vinos y licores, ideas y conceptos, remedios y soluciones, hasta que surgió algo de verdad útil y novedoso, algo infinitamente revolucionario: un tónico reconfortante para musas exhaustas.

Preparó una buena cantidad de dosis de su menjurje y se lo ofreció a las musas, quienes lo bebieron inmediatamente, urgidas como estaban de volver a su inspiración ancestral.

El resultado fue impactante, pero contraproducente: el brebaje resultó estimulante, embriagante y…erótico.

Las musas estaban tan contentas con el licor mágico recién descubierto, que se olvidaron desde entonces de aportar ideas a la humanidad, y se dedicaron a la juerga permanente por los siglos de los siglos.

Es por eso que ya no se leen buenos cuentos en Dragonotopía.

miércoles, 25 de junio de 2008

La riesgosa profesión de escribir cuentos

Aquel verano habían sido asesinados de mala manera cuatro connotados escritores de cuentos de terror. El detective Johnson tenía dos líneas de investigación:

La primera era acerca de un asesino en serie que detestaba ese género literario y eliminaba uno tras otro a quienes creaban monstruos y criaturas terribles, simplemente porque le causaban pesadillas.

La segunda era que, de alguna manera, los monstruos creados por la mente de los escritores, motivados por el calor del verano y por la orientación de los astros en la era de Acuario, se materializaban, y a continuación se rebelaban en contra de quien dirigía su destino en las hojas de papel, para así hacer de las suyas libremente, sin límites y sin libreto.

La investigación policial se suspendió definitivamente cuando se encontró el cadáver del detective Johnson completamente seco, con un par de agujeros marcados sobre su yugular.

lunes, 23 de junio de 2008

La mujer de los dragones

Posiblemente descendía de alguna princesa medieval que alguna vez fue secuestrada y encerrada en oscura cueva custodiada por bravos y celosos dragones.

O tal vez en alguna vida anterior le tocó ser un valiente caballero medieval que murió incinerado al tratar de aniquilar a algún temible dragón que asolaba sin piedad a la región.

O quizá tan sólo se trataba de una neurosis muy avanzada en la que -como decía su psicólogo- ella, en las profundidades de su inconsciente, veía a su marido como un gigantesco y escamoso monstruo volador que arrojaba fuego por la boca.

Una mañana ella amaneció calcinada en su cama. Nunca nadie pudo aclarar la naturaleza de esa extraña muerte.

domingo, 22 de junio de 2008

Lucy

Todos los días del verano, al caer la oscura noche, salía de su refugio a cumplir con ciertas funciones que ella misma se había asignado desde hacía mucho tiempo.

Primero se acercaba volando al lugar en donde su amigo escarabajo vivía, y le iluminaba su ya oscuro camino, mientras éste metía en su agujero el último trozo de alimento de la jornada. Gracias a esa luz que le permitía laborar media hora más cada día, él ya tenía suficientes nutrientes en su hoyo para pasar un invierno tranquilo.

Después se acercaba a la cueva en donde moraba la terrible serpiente nocturna, y si ésta salía a la caza de roedores, ella volaba sobre su cabeza para advertir a sus amigos ratones del riesgo que corrían, para que esa noche tuviesen mucho cuidado.

Más tarde buscaba al joven y amigable lince, que siempre, antes de salir a cazar, gustaba de jugar tratando inútilmente de tocar con sus garras a esa extraña luz que volaba traviesa alrededor de su cabeza. Una vez que quedaban satisfechos de su juego de cada noche, ambos se retiraban muy contentos.

Así, antes de que saliesen los rayos del sol del nuevo día, la amigable luciérnaga se retiraba a descansar con la conciencia muy tranquila por haber ayudado, con su extraña naturaleza, a sus amigos del bosque, sin esperar por ello nada a cambio.

domingo, 15 de junio de 2008

Melos

Nunca nada ni nadie fuera de él disfrutó de aquella maravillosa música silente, generada únicamente para complacerse a sí mismo.

No tenía músculos ni sistema nervioso, ni siquiera un cuerpo como nosotros lo concebimos.

Su esencia consistía en una infinita gama de sonidos, tiempos y silencios. Lo más parecido a un cerebro que esa criatura poseía era un inmaterial centro instintivo rítmico que le permitía jugar elegante y apasionadamente con sus recursos musicales, combinándolos de manera exquisita para conformar aquella deliciosa y nutritiva música muda de la cual se alimentaba para seguir viviendo.

Un día, extasiado de la belleza de su propia creación, se escuchó demasiado y murió de sobredosis de sí mismo. Su obra flota silenciosa en alguna parte del universo.