lunes, 30 de marzo de 2009

Perdonen las molestias


Aquella pragmática musa, tan inmersa en los asuntos humanos, decidió que era el momento de una revisión a fondo de su contrato laboral, así que puso bandera roja y negra en el cerebro del escritor.

Las negociaciones duraron muchos días, pues ambas partes se mostraban duras e intransigentes.

Ella reclamaba más reconocimiento en sus creaciones, más fidelidad en sus propuestas (el autor abusaba de su iniciativa, ignorando a veces las propuestas de la musa), más néctar de buganvilia, trabajo únicamente en horas hábiles, y algo de tiempo libre para atender a su pequeña hija recién nacida.

Finalmente llegaron a un arreglo satisfactorio, pero durante cierto tiempo el autor dejó de publicar sus cuentos, lo que generó muchas protestas de sus consuetudinarios lectores.

Afortunadamente todas las diferencias quedaron atrás, y las tres partes, musa, escritor y lectores, quedaron del todo satisfechos.

martes, 17 de marzo de 2009

Alex y el monstruo de compañía


Hubo una vez un niño llamado Alex, a quien no le gustaba dormir solo.

Cuando se iba a la cama, le encantaba sentir cerca de él otro cuerpo calentito y tierno, del cual abrazarse.

Sin embargo, a medida que fue creciendo y llegó a los siete años, ya resultaba incómodo para los demás compartir la cama con Alex, pues el hacerlo los llevaba a dormir mal y amanecer adoloridos, sin mayor descanso, lo que es muy importante para poder trabajar o ir a la escuela al día siguiente.

Así, Alex, todas las noches al acostarse, pedía compañía, pero ya tenía a todos aburridos: a sus papás, a sus hermanos, a su perro y a su gato. Cuando llegaba la hora, todos se escondían o presentaban una disculpa para no acompañarlo a dormir.
Pero por ahí apareció Guarego, un pequeño monstruo, muy tierno y cariñoso, a quien le encantaba, igual que a Alex, dormir acompañado y abrazado de alguien. Era un monstruo invisible, pero que se podía tocar y resultaba muy calentito.

Guarego no era un monstruo malo, pero tenía cosas que no eran del todo buenas: estaba lleno de piojos, roncaba muy fuerte y tiraba a Alex de la cama.
Pero eso no era lo peor: Guarego robaba sin querer los sueños de los niños. O sea que dormir con él equivalía a pasarse la noche soñando con una pared blanca, muy blanca y aburrida, sin chiste.

Por las mañanas, Alex despertaba con piojos, mal dormido y adolorido, pero además triste porque no había tenido ningún sueño.

Por eso, Alex pidió a Guarego que ya no durmiese con él, pero el pequeño monstruo lo desobedecía, y aparecía siempre a la noche siguiente, sin hacer caso de las súplicas de Alex, quien ya estaba fastidiado de dormir acompañado.

Finalmente, un día Alex contó a sus papás que siempre dormía acompañado de Guarego. Entonces, los papas llenaron la cama de Alex de un repelente de monstruos que guardaban en su ropero.

Guarego no pudo soportar el olor del repelente de monstruos, y se fue a otra casa a dormir con otro niño, y entonces Alex se dio cuenta de lo importante que resulta dormir solo en la cama, pues siempre se amanece de buen humor, bien descansado, y sobre todo contento e ilusionado por haber soñado con cosas agradables.

Nunca más Alex molestó a sus papás, ni a sus hermanos, ni a su perro, ni a su gato, para que lo acompañasen a dormir.

viernes, 13 de marzo de 2009

Un cuento sin musa ni autor


Ésta es la historia de un cuento hermoso e ingenioso que carecía de musa y de escritor. Era una especie de huérfano literario.

Nació como todos los cuentos, siendo apenas una idea poco evolucionada. Fue entonces que decidió exponerse al mundo, para ver si alguna musa lo adoptaba para ser desarrollado.

Dio mil vueltas y visitó a cientos de musas, pero todas ellas lo ignoraron: unas porque estaban muy ocupadas; otras porque no veían potencial en una idea surgida de la nada; otras porque eran engreídas e insoportables.

Decidió probar en los círculos de escritores, por lo que, para tener éxito entre ellos, dejó de ser una idea y se convirtió en un argumento, con la idea de ser más atractivo para estos ilustres individuos.

Como todos los autores lo ignoraron, empezó a generar sus propios personajes. Ni siquiera así fue adoptado, pues los escritores eran rutinarios y orgullosos, poco creativos y muy repetitivos. Un cuento como él implicaba un autor fuera de serie, un verdadero genio de los que casi no había.

Desesperado y triste, se sentó a desahogar su frustración en la acera de una calle poco transitada. Sus sollozos llamaron la atención de un niño de la calle que por ahí rondaba.

Fue así que conoció a Javier, quien tenía el don de escribir y dibujar en las paredes cuando la policía estaba descuidada, un grafitero excepcional y nada reconocido, que pasaba la mitad de su tiempo pintando paredes y la otra mitad huyendo de las autoridades.

Ambos se contaron sus historias y se consolaron mutuamente, hasta que al niño se le ocurrió una idea: hacer un grafitti con el cuento escrito, pero llenándolo de dibujos y colores para hacerlo más llamativo.

Aquella noche ambos trabajaron hasta muy tarde.

Por la mañana, los transeúntes se encontraron con una pared hermosamente decorada con una bellísima historia escrita. En menos de dos horas la prensa estaba ahí, como sorprendida por un milagro, por la aparición mágica de una bella obra de arte inexplicable que pertenecía simultáneamente a dos mundos diferentes: a la pintura y a la escritura. Cientos de personas desfilaron para disfrutar esa maravilla aquel día.

No tardaron los periodistas en saber que aquello era la creación de un niño grafitero muy pobre, de nombre Javier, lo que hizo que el alcalde de la ciudad lo premiase con un contrato para que llenase todas las paredes ociosas con muchos dibujos multicolores y con esa bella historia que a todos encantaba.

Así, Javier vivió holgadamente el resto de su vida, haciendo lo que siempre le había gustado, y el cuento de esta historia quedó muy contento, plasmado para siempre en muchas paredes de aquella embellecida ciudad.

miércoles, 11 de marzo de 2009

El espíritu del bar


En su larguísima existencia, había sido espíritu de muchas cosas: teatros, casonas, cementerios, trenes, bosques, etc.

Se cansó de asustar y molestar a los humanos, de hacer maldades, de fastidiar a animales y plantas.

Estando ya completamente desanimado de su existencia (pero a la cual no podía renunciar), un primo suyo (también espíritu, desde luego) lo invitó a un extraño lugar que los humanos llamaban bar.

Ahí conoció a un tercer espíritu, pero de una naturaleza muy diferente: éste no hablaba ni se dejaba ver, sino que simplemente se escondía en las bebidas para después llegar al cerebro de los humanos, y, en vez de fastidiarlos, los mareaba y divertía.

Así, el recién llegado decidió echar raíces en ese lugar tan ameno, y entró en relación íntima con el espíritu del vino, quien ahora es su mejor amigo (aunque éste no diga ni pío).

Desde entonces ahí radica, escondido en la barra, cerca de donde descansan los vinos y licores. No sólo no molesta a los asistentes borrachos, sino que les cuenta chistes y les hace gracias –de las que conoce muchas- a cambio de que le paguen alguna bebida.

Todo lo anterior le resulta increíblemente extraño, considerando que vivió la vida equivocada durante decenas de miles de años…

miércoles, 4 de marzo de 2009

Entes amigables


Colofox era un ser muy pequeñito de una extraña y escasa especie llamada iscaterion calimax. Tenía siete patas, pero eran muy cortas, y para avanzar tenía que dar muchísimos pasos, lo que le costaba mucho trabajo.

Un día supo por telepatía que un amigo suyo estaba en serias dificultades y necesitaba ayuda. Colofox era todo vocación de amistad, pero la llamada de auxilio venía de muy lejos, de lo alto de una montaña de difícil acceso, a miles de satelisolios* de distancia.

*los iscaterion calimax viven en el planeta Caratiuu, que gira alrededor de tres soles y siete enormes satélites que alteran constantemente su complicada órbita. Un satelisolio equivale a siete lunisolios del planeta Carapallan, para que nos demos una idea del grado de dificultad al que debía enfrentarse.

Colofox se moría de ganas de ayudar a su compañero, así que, a pesar de las dificultades que existían y el largo tiempo implícito, decidió emprender el camino. Él sabía de sobra que tardaría mucho en llegar, que el esfuerzo sería agotador, y que las probabilidades de que llegase oportunamente eran escasas.

Pero Colofox era de casta, así que, sin pensarlo más, se lanzó en pos de la salvación de quien lo necesitaba.

Finalmente llegó, y se encontró con su amigo feliz, recostado tomando los soles (los tres al mismo tiempo) y bebiendo néctar de chirimoya. En ese momento supo que se trataba de una broma, que su amigo jamás había estado en peligro.

Colofox, que tenía excelente madera, no se molestó por la broma, sino que se sentó a brindar con el néctar de chirimoya, y agradeció a su amigo la oportunidad que le había dado para demostrar su amistad, que finalmente era el objetivo de su especie, los amables iscaterion calimax.

Y unos instantes después, Colofox emprendió el camino de regreso a casa, pues sabía en su pueblo había muchos iscaterion calimax que lo apreciaban y que eventualmente podían necesitarlo. Después de todo, para eso había sido concebido.

lunes, 2 de marzo de 2009

Gargaturito


Gargaturito es un lindo y rollizo bebé de ogro de apenas seis meses de edad. Es tierno y regordete, barrigón y deforme, con una piel verde, húmeda y granulienta. Cuando sonríe muestra sus pequeños dientes afilados, y hoyitos en los cachetes. Todo esto vuelve locos a sus padres, que lo adoran.

Por las mañanas, en cuanto calienta el sol, sus enamorados padres llevan al nene a bañarse al pantano negro. Mientras él chapotea en el maloliente e infestado lodo, ellos le procuran dos o tres sapos asquerosos para que se desayune, y una que otra libélula gigante como postre.

Ya por las noches, antes de acostarlo, la madre le preparara un delicioso plato de carne cruda de rata, lo que el bebé agradece por medio de una serie de dulces sonrisas y eructos con olor a leche agria putrefacta.

Gargaturito es muy bueno, así que se duerme enseguida, mientras su madre le canta canciones de cuna de ogros (iguales que las humanas, pero bastante sanguinarias). Después tiene dulces sueños, como aquél en que, ya de grande, deja de comer carne cruda de rata…para nutrirse -como lo hacen sus padres- de asquerosa carne humana putrefacta.

domingo, 1 de marzo de 2009

Lágrimas de estrella


Un hermoso lucero vino a mi consultorio.

A pesar de su belleza y de su majestuoso tamaño, decía ser una estrella infeliz. Quería desaparecer del firmamento.

Con todas las precauciones y la ternura que implica tratar el alma adolorida de un astro de esas magnitudes, la recosté a mi lado y le permití que desahogara sus penas.

Poco sabemos en realidad de las implicaciones en el ego de las estrellas, ni de lo que significa vivir miles de millones de años atrapadas por las fuerzas gravitacionales de la galaxia.

No existe la astropsiquiatría, ni siquiera en las novelas de ciencia ficción, así que le dije que, de alguna manera, improvisaría su terapia. Pero primero había que escucharla.

Me habló de su desesperación de ser uno más de decenas de miles de millones de astros brillantes en el universo; de pasar desapercibida en el firmamento; de no formar siquiera parte de una constelación llena de románticas o épicas leyendas; de carecer de planetas a quien calentar con su enorme energía; de brillar en vano para finalmente no ser vista o considerada por alguna pareja de enamorados a lo largo de la galaxia; de no tener nombre propio, sino simplemente un número de catálogo en los manuales de astronomía.

Traté de animarla recordándole su belleza y su portentoso tamaño; le hablé de las gigantescas reacciones de fusión de hidrógeno que se llevaban a cabo en su interior; de su influencia gravitacional en otros astros; de sus impresionantes tormentas superficiales de las cuales se desprendían enormes vientos estelares.
Todo fue inútil.

Al ver que yo nada le resolvía, se despidió agradecida por mi tiempo y mi atención, pero me dijo que había finalmente decidido explotar y así convertirse en una nova.

Así, temporalmente, sería el astro más brillante y llamativo en su sector del firmamento; que con eso sería algún tiempo fuente de inspiración de poetas y enamorados, la envidia de otras estrellas cercanas; fuente de polvo para la formación de nuevos cuerpos celestes.

Entonces, mientras se alejaba, vi algo que ningún otro humano había observado o imaginado antes: las lágrimas de una estrella que decía adiós al universo.