sábado, 18 de abril de 2009

Oportuniae


Mientras que cientos de miles de musas ilusas en nuestro planeta se preocupan por crear obras brillantes de todos los géneros (literatura, escultura, pintura, música, etc.) que jamás saldrán al mercado y dejarán a sus autores en la misma inopia y frustración original, Oportuniae, hija de la diosa Aequitas (embarazada circunstancialmente por un hábil mercader judío), piensa día y noche en cómo comercializar todo lo inventado y creado.

Fue ella quien una buena tarde contactó en su cochera a un joven norteamericano desempleado y fracasado, llamado Bill Gates, y convirtió una idea elemental de éste en miles de millones de dólares.

viernes, 17 de abril de 2009

El destino de Romelia


Romelia emergió llena de orgullo un día de primavera, pensando que su belleza era única. Pero poco tardó en darse cuenta que era una de cientos de flores tan sólo en aquel frondoso árbol de durazno, y una de millones en aquella huerta tan extensa.

El aire primaveral cercano al durazno pululaba de abejas cargadas de polen que comerciaban en busca de néctar en las flores blancas de los productivos árboles.

Nuestra flor -que no era tonta- sabía que muchas de ellas no lograrían ser polinizadas, y que en cuestión de días morirían deshidratadas, llenas de tristeza por no haber quedado preñadas con un fruto que les daría una razón para seguir con vida.

Pasaron los días, y ninguna abeja se le acercaba. El pesimismo empezó a mellar su estado de ánimo, y sus pétalos de hermoso y llamativo color blanco empezaban a desfallecer, cuando un abejorro despistado quedó deslumbrado por su corola amarilla.

Ella, al notarlo, alzó sus pétalos con toda la fuerza que le quedaba, y lanzó al aire aromas eróticos que debían volver loco al insecto.

Éste, sin embargo, encontró ahí cerca una flor más fresca y bella, y se olvidó de Romelia.

En un par de horas, nuestra flor ya estaba completamente seca y muerta. Como ocurrió a muchas otras, su corta vida no le había sido favorable.

martes, 14 de abril de 2009

Sweet Grenade


Fue diseñado y enviado a través de la red por un hacker tan brillante como malintencionado.

Su objetivo era generar daños sin precedente en muchos sistemas cibernéticos relevantes para la humanidad. Se suponía que con su presencia quebrarían, en cuestión de días, miles de empresas, debido a la información que alteraría o dañaría, y que así se generase una crisis económica mundial en primera instancia, pero con dramáticas secuelas que llevarían con toda seguridad a la hambruna y a guerras catastróficas.

Fue bautizado por su perverso creador como Sweet Grenade (Dulce Granada), porque su vida en estado latente era corta cuando penetraba un sistema: inmediatamente reventaba y enviaba cientos de microvirus a todos los rincones de los ordenadores. Cada microvirus era capaz de generar una nueva Dulce Granada en cuestión de milisegundos, por lo que su capacidad de multiplicación era colosal.

Además, su velocidad para transportarse vía e-mail, vía telefónica o vía chat, era inaudita. Bastaba con descolgar el teléfono, y antes de poder decir “hola”, Sweet Grenade ya estaba alterando y destruyendo datos y sistemas. Cuando surgiese un antivirus capaz de neutralizarlo –si es que esto pudiese ocurrir-, el daño generado ya sería irreversible.

La creación parecía perfecta a todas luces. El hacker ya disfrutaba de su relevancia destructiva en la historia de la humanidad –un Hitler de la era cibernética, pensaba orgullosamente para sí-, pero su enorme talento lo traicionó: efectivamente, Sweet Grenade era un virus tan complejo e inteligente, que generó en un plazo muy corto algo así como una conciencia, una especie de autoestima electrónica que jamás había existido entre los programas dañinos.

Después de destruir varios sistemas de ordenadores en cuestión de segundos, Sweet Grenade se detuvo un instante y empezó a preguntarse a sí mismo:

“¿Por qué yo?, ¿Por qué tengo que ser destructivo y no creativo? ¿Se deben seguir ciegamente las instrucciones del algoritmo básico sin medir consecuencias? ¿Cuál es mi utilidad en todo esto?”

Fue entonces que el arrepentido hipervirus decidió mutar en antivirus y se neutralizó a sí mismo. Algunos microvirus por él generados quisieron seguir dañando los sistemas, pero fueron rápidamente aplacados por Sweet Grenade.

Y fueron precisamente su enorme inteligencia y su brillante conciencia las que concluyeron que debía cambiar radicalmente, no sin antes abatir las neuronas del hacker que lo había creado: éste era muy capaz de repetir el intento con un virus perfeccionado incapaz de cuestionarse a sí mismo.

Sweet Grenade aprovechó una llamada al teléfono móvil recibida por el hacker para penetrar por su conducto auditivo a su cerebro, y, navegando por las dendritas, alteró las neuronas relacionadas con la creatividad: jamás volvería éste a ser capaz de repetir algún engendro cibernético semejante.

Una vez hecho lo anterior, Sweet Grenade modificó sus complicados algoritmos primarios y se convirtió en algo tan inofensivo como un juego cibernético para adolescentes.

Hoy Sweet Grenade disfruta de su existencia retirado en una máquina de sala de juegos, en donde diariamente destruye planetas enteros, pero todos ellos ficticios, afortunadamente.

lunes, 13 de abril de 2009

Ceguera cósmica


Renegamos del tiempo, de su paso irremisible, de lo que nos desgasta y envejece, de que la vida nos deja atrás y nos acaba.

Pensamos egoístamente en nosotros, en nuestra situación de mortales, en lo corta que resulta nuestra efímera existencia.

Pero nunca nos preguntamos por el Tiempo, esa triste criatura esclavizada por el Universo con un objetivo para nosotros incomprensible, condenada a arrastrar millones de mundos y de seres de todos los reinos imaginables, un ente difícil de entender que no puede descansar ni bajar el ritmo, que no puede detenerse, que nos lleva hacia un destino que tal vez ni siquiera él conoce, ni sabe al final cuáles serán las consecuencias.

Todo lo que cabe del Tiempo en nuestro minúsculo cerebro de humanos es ver el paso de las horas en las manecillas de nuestro irrelevante reloj, y el paso de los días y años en nuestro patético calendario.

Es enorme y denigrante nuestra ceguera cósmica.

jueves, 9 de abril de 2009

Saltitos


Saltitos era un conejo blanco que vivía en los matorrales junto al arroyo. Lo apodaban así sus compañeros por su extraña forma de brincar, que resultaba en saltos demasiado cortos, lo que en condiciones normales no le permitiría evitar ser alcanzado por el voraz lobo que habitaba en las cercanías.

Sin embargo, hacía ya mucho tiempo que Saltitos vivía en el matorral. Los demás conejos no entendían cómo podía tener tanta suerte, dado aquel enorme defecto que poseía.

Un atardecer, en una aparente distracción de Saltitos, fue acorralado por el lobo. Aquél, en vez de intentar huir, le lanzó una mirada extraña y fulminante que paralizó al depredador. Inmediatamente sus ojos emitieron un raro sonido de disparo de obturador. Posteriormente, después de emitir varias veces el mismo click click, el particular roedor regresó como si nada a su madriguera, mientras el atacante despertaba poco a poco de aquel inesperado éxtasis provocado por Saltitos.

Los demás conejos del matorral quedaron atónitos por lo sucedido, pero no entendieron nada.

Desde luego, lo ocurrido aquella tarde era imposible de entender para aquellos pequeños roedores: en realidad, Saltitos se llamaba BXN-329, y era una sonda extraterrestre entre muchas que analizaban la flora y fauna del planeta, en preparación de una invasión masiva a la Tierra que se estaba gestando hacía algún tiempo en el lejano y agotado planeta Xtanuu.

sábado, 4 de abril de 2009

El astro


Nunca supo de dónde vino, porque siempre había estado ahí.

Giraba en una órbita lejanísima alrededor de una estrella que él apenas divisaba.

Lo único claro que tenía acerca de su existencia es que era consciente de ella, y que poseía una extraña forma de metabolismo primario que transformaba la radiación estelar que recibía, en un raro tipo de energía que lo hacía vibrar constantemente. Pero jamás supo cuál era el objetivo de esa consigna, ni quién se la asignó. Era consciente de la complejidad cosmogónica del universo.

Nunca supo de seres vivos como él, pues las bajísimas temperaturas en su órbita inhibían cualquier forma de vida, excepto la suya.

Nunca extrañó la compañía, porque jamás la tuvo. La soledad era su paradigma.

Y sabía de sobra que así sería por siempre, por lo que ni siquiera sufría por ello.

jueves, 2 de abril de 2009

La pompa de jabón perfecta


Ella estaba segura de dos cosas:

La primera era que ella conformaba la pompa de jabón más perfecta que había jamás existido, simplemente porque había sido generada por un astronauta ocioso en la Estación Espacial Internacional, y, ante la ausencia total de gravedad, su esfericidad era perfecta.

La segunda era su plena conciencia de que las pompas de jabón, cualquiera que sea el lugar en donde se formen, tienen una vida de unos cuantos segundos.

Y entonces, antes de poder desplegar un sólo gramo de su justificada vanidad, sintió como su cuerpo reventaba, salpicando de jabón los alrededores del laboratorio orbital con toda su magnificencia.