lunes, 7 de junio de 2010

Criaturas de las tempestades


Nadie imaginaba cómo eran, porque solamente aparecían durante las grandes tormentas, cuando la visibilidad era nula para los humanos y para las especies marinas. Entonces llevaban todas las ventajas para depredar a su gusto.

Se suponía su existencia, porque algunas veces los rayos que caían durante las tempestades, las iluminaban por fracciones de segundos, y los pocos humanos que lograron verlas y sobrevivir, decían que asemejaban fantasmas amorfos multicolores que inmediatamente desaparecían entre la borrasca.

Se nutrían de aves extraviadas arrastradas por los vientos huracanados, aunque había rumores de hombres de mar que habían sido devorados por ellas.

Cuando la tempestad amainaba, desaparecían por completo, y se decía que habitaban en las cavernas de los riscos frente al océano, aunque nunca nadie se atrevió a confirmarlo.

Como sea, todas fueron especulaciones, hasta que una de las criaturas cayó en la playa fulminada por un rayo. Fue encontrada por unos pescadores que la describieron como una criatura del infierno, ni animal ni vegetal, ni ave ni mamífero. Cuando pretendieron recoger aquel extraño cadáver para llevarlo al pueblo y mostrarlo tal cual era, éste simplemente se convirtió en arena, y en un extraño y sutil humo verde.

Después de aquel incidente, se supo que todas aquellas pavorosas criaturas habían sido contratadas por un cineasta de Hollywood para una nueva película de ciencia-ficción.

Inmediatamente después de conocerse esta noticia, las criaturas de la tempestad aparecían siempre con anteojos oscuros.

Sus representantes legales ya no les permitieron conceder entrevistas.

domingo, 6 de junio de 2010

El perdigón


A nadie debía su magia, ni a los caprichosos duendes de aquel bosque, ni a las divinidades llenas de intereses perversos, ni siquiera a sus genes.
Simplemente surgió de sus adentros, como por generación espontánea.

Lo que él poseía era una magia mágica, un espíritu benefactor inexplicable en un pequeño pájaro.

La percibió en su primer vuelo, cuando decidió salir del nido materno, pues su aleteo irradiaba esperanza y alegría a todos los seres que lo veían elevarse con dificultades sobre el bosque.

Después observó que su trino hacía florecer los árboles y preñar a las hembras.

Y cuando todas las criaturas de aquel lugar empezaban a bendecir al alado recién llegado al mundo, un perdigón maldito y envidioso malogró por siempre a aquel pajarillo maravilloso.

La magia contenida en los restos mortales de la pequeña ave se disipó en la atmósfera, y decidió nunca más incorporarse a un ser mortal.

Dicen que la belleza del arcoíris esconde a un espíritu mágico que alegra la vista de todos los seres vivos que lo observan. Es muy posible que sea el mismo que alguna vez reposó en el alma de aquel esperanzador pajarillo.

Pero eso jamás se sabrá.

martes, 1 de junio de 2010

Herón y sus raros amigos


Por su fisonomía y sus orígenes, Herón era indiscutiblemente un ser humano, aunque su comportamiento cotidiano lo alejase de aquella clasificación tan primaria.

Hasta entonces no entraba en la definición de ermitaño, pues si bien evitaba a sus semejantes, jamás había logrado estar realmente solo.

Un día, aburrido ya de todo lo humano, decidió fincar su hogar en una oscura caverna en una montaña árida y lejana, esperando estar solo por el resto de sus días, lo que sorprendentemente no duró muchos días.

Empezaron a llegar a ella entes extraños solitarios, hartos y aburridos, seres de otras dimensiones y universos, decepcionados de sus semejantes, al extremo de que la cueva de Herón se convirtió en el refugio de los desadaptados de todas las naturalezas.

Era cierto que Herón, a pesar de ser insociable y refractario, poseía características afectivas y magnéticas. Dicho magnetismo, por lo visto, rompió barreras físicas, culturales, dimensionales y temporales.

En poco tiempo, aquella oscura y solitaria caverna perdida en la hostil y desértica montaña, se llenó de criaturas disímbolas, raras, anormales y desadaptadas, de todos los orígenes y naturalezas, y todas ellas encontraron ahí, al lado del maravilloso Herón, un estupendo lugar para soportar el desagradable universo por el resto de sus existencias.

lunes, 31 de mayo de 2010

Croac


Decenas de dioses reunidos en el Olimpo acordaron aquella tarde crear un sapo maravilloso, una criatura con capacidades extraordinarias, destinado a revertir la maldad del pervertido mundo, de cambiar todo en la faz de la Tierra con su mágico croar, con sus alegres saltos de nenúfar en nenúfar, con su natural alegría y optimismo.

Fue así que nació Croac, el sapo de la esperanza.

Pero Croac, a pesar de todas las bendiciones y presagios, heredó los genes de un bisabuelo materno mediocre, calenturiento y haragán.

Los cromosomas de Croac, más allá de todas las características mágicas y benditas inducidas por aquellas poderosas divinidades, decidieron quedarse en el pantano de origen, y croar sensualmente buscando aparearse a menudo con hembras locales ávidas de aventura, eructando con satisfacción cada vez que su larga lengua atrapaba y digería una carnosa libélula.

Con Croac quedó clara, para todos los dioses, la ley universal de que el ADN es superior a cualquier disposición divina.

Croac no modificó nada en el universo, más allá de generar mucho escepticismo en cuanto a la efectividad de los dioses del Olimpo, pero a cambio, creó cientos de atractivos sapitos y sapitas que alegraron sexualmente por muchas generaciones aquel agradable pantano perdido en el maravilloso trópico terrestre.

domingo, 30 de mayo de 2010

La solución mágica a todas las cosas


Emir estudió para mago en la Universidad Gottenheim, como cientos de estudiantes de su promoción.

Estuvo muy lejos de ser un buen estudiante, porque tenía serios problemas de concentración.

Sus compañeros memorizaban brebajes, conjuros, hechizos, exorcismos, encantamientos y toda clase de sutilezas en las que aquella excelsa universidad se especializaba.

Emir simplemente observaba, ante la desesperación de sus maestros y la burla de sus avezados compañeros.

Nadie entendía que el genial Emir buscaba el brebaje de los brebajes; el conjuro de los conjuros; la solución mágica a todos los problemas del mundo.

Emir fue expulsado de la universidad por su bajo rendimiento.

Un par de años después, se supo de un mago oculto que poseía la sabiduría universal, que con una sola palabra podía estremecer el universo, que dominaba todas las técnicas de la magia blanca y negra; que era capaz de controlar todo desde su lugar de residencia.

El mundo de los magos y hechiceros se horrorizó temeroso ante esos terribles rumores.

Emir, a sus escasos veinte años, había decidido ser feliz y no complicarse su vida ni la existencia ajena: con un pequeño movimiento de su varita mágica, resolvió todos los problemas de la Tierra, y se dedicó de tiempo completo a ver los partidos del Campeonato Mundial de Futbol.

El resto de los impotentes y mediocres magos y hechiceros del planeta murió de la envidia.

viernes, 28 de mayo de 2010

El baúl de las cosas inútiles


Benadir gastaba todo su dinero y su tiempo coleccionando cosas inútiles que guardaba orgulloso en un viejo baúl que había heredado de su abuelo, de quien se decía que había muerto completamente loco en un manicomio en su pueblo natal.

Sus amigos y parientes le decían que no fuese tan tonto, que lo que coleccionaba no tenía ningún valor, que estaba desperdiciando sus ahorros y su juventud en cosas absurdas que jamás le darían beneficio alguno.

Pero Benadir no escuchaba aquellas voces disuasivas, y en cambio seguía adelante con su extraña obsesión.

Fue así que logró tener en su baúl un perfume erótico para dinosaurias fósiles; afiladas manecillas para los relojes de arena; anticonceptivos para las mulas; una alarma para despertar cadáveres; un barniz para engalanar cuernos de los extintos unicornios; herraduras para los dragones domesticados; teclados de piano para elefantes virtuosos; un dentífrico para osos hormigueros desdentados; pantuflas para los fines de semana de las lombrices de tierra; ventiladores para las medusas acaloradas en el fondo del mar; engrudo para resanar las fracturas que pudiesen formarse en el aire; y muchas otras cosas absurdas.

Benadir era, por lo tanto, la burla de todos, hasta que, del otro lado de la galaxia, se dio la gran batalla entre el portentoso Exjabenep y la raza de los Asacurian. Esa lid fue tan relevante y tremenda, que finalmente la estrella Altarzana fue destruida por los proyectiles de ambos bandos.

La inconmesurable explosión de aquel enorme y lejano astro lanzó al universo miles de millones de partículas iota, además de romper el equilibrio gravitacional de toda la galaxia.

El planeta Tierra, en el otro extremo del universo, sufrió muy pocos cambios por aquella lejana influencia, excepto por el hecho de que los dinosaurios fósiles volvieron a la vida, y aquella hermosa hembra logró atraer a su pareja desde la lejanía, con un perfume erótico que había en el viejo baúl, gracias a lo cual renació su especie desparecida hacía cincuenta millones de años; excepto porque los relojes de arena empezaron a medir el tiempo con manecillas para el mejor entendimiento de los habitantes del mundo, cuando la arena se volvió caprichosa e inexacta; excepto porque los cadáveres de varias generaciones despertaron todos al unísono de una extraña alarma, para así alegrar a sus parientes que los extrañaban; excepto porque las estériles y afectivas mulas pudieron por fin tener tiernas y amorosas criaturas que les endulzaron la vida; excepto porque el mundo se llenó de bellos unicornios que lucían orgullosos sus cuernos barnizados de muchos colores; excepto porque los dragones domesticados por el hombre pudieron galopar sobre el piso gracias a sus cómodos herrajes; excepto porque los geniales elefantes demostraron un enorme talento tocando hermosas sinfonías de Rachmaninoff en piano, a pesar de sus torpes patas; excepto porque los antes desdentados osos hormigueros pudieron tener buen aliento gracias a la higiene bucal que les propició un extraño dentífrico que apareció en el baúl; excepto porque las lombrices de tierra con patas pudieron descansar los fines de semana en su túnel subterráneo, usando cómodas pantuflas; excepto porque las acaloradas medusas del fondo del mar pasaron veranos frescos y agradables, gracias a extraños ventiladores salidos de la nada: y excepto porque Mariana, la niña ecologista, pudo por fin, con un mágico engrudo, resanar las fracturas que presentaba el enrarecido aire en su pueblo natal.

Benadir supo entonces que su abuelo no estaba nada loco, y que aquel baúl y aquella extraña obsesión que poseía en sus genes por coleccionar cosas inútiles, eran todas parte de un magno plan universal para salvar al planeta Tierra.

El resto de la gente jamás se dio por enterada de nada de lo ocurrido.

jueves, 20 de mayo de 2010

Viviendo en el error



Una vez más, como todos los viernes desde hacía más de trescientos años, se reunieron en la vieja cabaña del bosque los cuatro protagonistas del cuento de La Caperucita Roja y el Lobo.

Una vez más, como todos los viernes desde hacía más de trescientos años, la Caperucita Roja llevó su canasta llena de galletitas para que los cuatro las disfrutasen después del café.

Una vez más, como todos los viernes desde hacía más de trescientos años, después del café, el leñador leyó en voz alta el cuento de La Caperucita Roja y el Lobo.

Una vez más, como todos los viernes desde hacía más de trescientos años, los cuatro protagonistas del cuento bostezaron aburridos.

Una vez más, como todos los viernes desde hacía más de trescientos años, la Caperucita Roja narró a sus tres amigos cómo se pasaba la semana entera en Hollywood tratando sin éxito de convencer a los directores de cine que escribiesen una película sobre ese bellísimo cuento.

Una vez más, como todos los viernes desde hacía más de trescientos años, los cuatro personajes reconocieron que el público infantil moderno ya no leía La Caperucita y el Lobo, embelesado por las películas de Pokemon, Batman y el Hombre Araña. Su cuento ya estaba demasiado leído y contado.

Fue entonces que el leñador del cuento tuvo una gran idea:

“¿Por qué no reeditamos nuestro cuento cambiándonos todos de personaje?”

Los cuatro personajes aplaudieron emocionados la idea, y procedieron a sortear los papeles del cuento.

A la Caperucita Roja le tocó hacer el papel de leñador, así que se quitó su caperuza, se puso la chaqueta a cuadros del cazador, y se llevó el hacha al hombro.

Al lobo le tocó el papel de Caperucita Roja. Se puso la caperuza roja de la niña, y si bien pensó en depilarse las piernas y pintarse las garras, después recapacitó.

Al leñador le toco el papel de la abuela. Se impregnó el pelo con harina y utilizó el bastón de aquella.

A la abuela le tocó el papel del lobo. Hacía más de ochenta años que no gateaba, pero no le salía tan mal. Intentó aullar, pero le salió un ruido horrible de la garganta y se olvidó del asunto.

Así nació la segunda versión del cuento:

Caperucita Roja (o sea, el lobo) salió de su casa muy contenta, llevando una canasta con galletas. De repente, de atrás de un árbol, salió el lobo (o sea, la abuela a gatas).

El lobo (o sea, la abuela) preguntó a Caperucita Roja (o sea, al lobo), que hacia dónde iba tan contenta aquella mañana llevando una hermosa canasta llena de galletas.

Caperucita Roja (o sea, el lobo) dijo que le llevaba esas galletas a su abuela (o sea, al leñador) porque ella estaba algo enferma, y tenía ya cierto tiempo sin verla.

Se despidieron, y entonces el lobo (o sea, la abuela) quiso salir corriendo a casa de la abuela (o sea, el leñador) para devorarla, pero fue entonces que la abuela (disfrazada de lobo) se dio cuenta de que a gatas no iba a llegar a tiempo a comerse a la abuela (o sea, al leñador). Además, de tanto gatear en la primera parte de la historia, ya estaba completamente adolorida, así que abandonó el cuento momentáneamente y se echó a dormir en el pasto, bajo la plácida sombra de un viejo roble.

Mientras tanto, Caperucita Roja (o sea, el lobo) siguió feliz su camino hacia la cabaña de la abuela (o sea, del leñador). Cuando ya estaba afuera de la cabaña, se dio cuenta de que el lobo (o sea, la abuela) no había llegado aún. Le extrañó, pero tocó la puerta sin saber lo que estaba pasando.

En eso llegó el leñador (o sea, Caperucita Roja con el hacha al hombro) y se sintió desubicado, pues su presencia cerca de la cabaña sin haber un lobo queriendo devorar a la anciana no venía al caso y se veía sospechoso, acrecentando los acertados rumores de que era el amante de la abuela.

Mientras tanto, la desconcertada abuela (o sea, el leñador con el pelo lleno de harina) viendo que no llegaba el lobo (o sea, la abuela a gatas), saltó de la cama preguntándose qué pasaba en esa nueva versión del cuento.

Encontró fuera de la cabaña a la Caperucita Roja (o sea, al lobo) y al leñador (o sea, Caperucita Roja) besándose de manera apasionada, mientras esperaban a que llegase el lobo (o sea, la abuela) a comerse a la abuela (o sea, al leñador), para seguir fielmente con el libreto del cuento.

Decidieron los tres esperar un rato, pero el lobo (o sea, la abuela) nunca llegó, pues las reumas de la anciana, por dormir en el pasto húmedo, la tenían completamente inmovilizada a varios kilómetros de distancia.

Mientras tanto, agazapado tras de la maleza cercana a la cabaña, un director de cine observaba el extraño comportamiento de los clásicos personajes, muerto de la risa, mientras decenas de cámaras ocultas filmaban al detalle todo lo que ocurría en aquel bosque.

Un año después, las marquesinas de Hollywood anunciaban la premiere de su nuevo gran éxito cinematográfico: el Reality Show de la Caperucita Roja y el Lobo, que arrasó con la taquilla de las películas de Pokemon, Batman y el Hombre Araña.

Los cuatro personajes del cuento siguieron cenando cada viernes, pero en vez de hacerlo en la cabaña del bosque, ahora lo hacían en la mansión hollywoodense de la sensual Caperucita Roja, y en vez de comer galletas después del café, degustaban caviar mientras brindaban con el champaña Veuve Clicquot.

La abuela sobrevivió a los dolorosos reumas aspirando mágicos polvos blancos.

Ninguno de los cuatro personajes se acordó jamás de volver a leer el cuento original.