lunes, 13 de abril de 2009

Ceguera cósmica


Renegamos del tiempo, de su paso irremisible, de lo que nos desgasta y envejece, de que la vida nos deja atrás y nos acaba.

Pensamos egoístamente en nosotros, en nuestra situación de mortales, en lo corta que resulta nuestra efímera existencia.

Pero nunca nos preguntamos por el Tiempo, esa triste criatura esclavizada por el Universo con un objetivo para nosotros incomprensible, condenada a arrastrar millones de mundos y de seres de todos los reinos imaginables, un ente difícil de entender que no puede descansar ni bajar el ritmo, que no puede detenerse, que nos lleva hacia un destino que tal vez ni siquiera él conoce, ni sabe al final cuáles serán las consecuencias.

Todo lo que cabe del Tiempo en nuestro minúsculo cerebro de humanos es ver el paso de las horas en las manecillas de nuestro irrelevante reloj, y el paso de los días y años en nuestro patético calendario.

Es enorme y denigrante nuestra ceguera cósmica.

jueves, 9 de abril de 2009

Saltitos


Saltitos era un conejo blanco que vivía en los matorrales junto al arroyo. Lo apodaban así sus compañeros por su extraña forma de brincar, que resultaba en saltos demasiado cortos, lo que en condiciones normales no le permitiría evitar ser alcanzado por el voraz lobo que habitaba en las cercanías.

Sin embargo, hacía ya mucho tiempo que Saltitos vivía en el matorral. Los demás conejos no entendían cómo podía tener tanta suerte, dado aquel enorme defecto que poseía.

Un atardecer, en una aparente distracción de Saltitos, fue acorralado por el lobo. Aquél, en vez de intentar huir, le lanzó una mirada extraña y fulminante que paralizó al depredador. Inmediatamente sus ojos emitieron un raro sonido de disparo de obturador. Posteriormente, después de emitir varias veces el mismo click click, el particular roedor regresó como si nada a su madriguera, mientras el atacante despertaba poco a poco de aquel inesperado éxtasis provocado por Saltitos.

Los demás conejos del matorral quedaron atónitos por lo sucedido, pero no entendieron nada.

Desde luego, lo ocurrido aquella tarde era imposible de entender para aquellos pequeños roedores: en realidad, Saltitos se llamaba BXN-329, y era una sonda extraterrestre entre muchas que analizaban la flora y fauna del planeta, en preparación de una invasión masiva a la Tierra que se estaba gestando hacía algún tiempo en el lejano y agotado planeta Xtanuu.

sábado, 4 de abril de 2009

El astro


Nunca supo de dónde vino, porque siempre había estado ahí.

Giraba en una órbita lejanísima alrededor de una estrella que él apenas divisaba.

Lo único claro que tenía acerca de su existencia es que era consciente de ella, y que poseía una extraña forma de metabolismo primario que transformaba la radiación estelar que recibía, en un raro tipo de energía que lo hacía vibrar constantemente. Pero jamás supo cuál era el objetivo de esa consigna, ni quién se la asignó. Era consciente de la complejidad cosmogónica del universo.

Nunca supo de seres vivos como él, pues las bajísimas temperaturas en su órbita inhibían cualquier forma de vida, excepto la suya.

Nunca extrañó la compañía, porque jamás la tuvo. La soledad era su paradigma.

Y sabía de sobra que así sería por siempre, por lo que ni siquiera sufría por ello.

jueves, 2 de abril de 2009

La pompa de jabón perfecta


Ella estaba segura de dos cosas:

La primera era que ella conformaba la pompa de jabón más perfecta que había jamás existido, simplemente porque había sido generada por un astronauta ocioso en la Estación Espacial Internacional, y, ante la ausencia total de gravedad, su esfericidad era perfecta.

La segunda era su plena conciencia de que las pompas de jabón, cualquiera que sea el lugar en donde se formen, tienen una vida de unos cuantos segundos.

Y entonces, antes de poder desplegar un sólo gramo de su justificada vanidad, sintió como su cuerpo reventaba, salpicando de jabón los alrededores del laboratorio orbital con toda su magnificencia.

lunes, 30 de marzo de 2009

Perdonen las molestias


Aquella pragmática musa, tan inmersa en los asuntos humanos, decidió que era el momento de una revisión a fondo de su contrato laboral, así que puso bandera roja y negra en el cerebro del escritor.

Las negociaciones duraron muchos días, pues ambas partes se mostraban duras e intransigentes.

Ella reclamaba más reconocimiento en sus creaciones, más fidelidad en sus propuestas (el autor abusaba de su iniciativa, ignorando a veces las propuestas de la musa), más néctar de buganvilia, trabajo únicamente en horas hábiles, y algo de tiempo libre para atender a su pequeña hija recién nacida.

Finalmente llegaron a un arreglo satisfactorio, pero durante cierto tiempo el autor dejó de publicar sus cuentos, lo que generó muchas protestas de sus consuetudinarios lectores.

Afortunadamente todas las diferencias quedaron atrás, y las tres partes, musa, escritor y lectores, quedaron del todo satisfechos.

martes, 17 de marzo de 2009

Alex y el monstruo de compañía


Hubo una vez un niño llamado Alex, a quien no le gustaba dormir solo.

Cuando se iba a la cama, le encantaba sentir cerca de él otro cuerpo calentito y tierno, del cual abrazarse.

Sin embargo, a medida que fue creciendo y llegó a los siete años, ya resultaba incómodo para los demás compartir la cama con Alex, pues el hacerlo los llevaba a dormir mal y amanecer adoloridos, sin mayor descanso, lo que es muy importante para poder trabajar o ir a la escuela al día siguiente.

Así, Alex, todas las noches al acostarse, pedía compañía, pero ya tenía a todos aburridos: a sus papás, a sus hermanos, a su perro y a su gato. Cuando llegaba la hora, todos se escondían o presentaban una disculpa para no acompañarlo a dormir.
Pero por ahí apareció Guarego, un pequeño monstruo, muy tierno y cariñoso, a quien le encantaba, igual que a Alex, dormir acompañado y abrazado de alguien. Era un monstruo invisible, pero que se podía tocar y resultaba muy calentito.

Guarego no era un monstruo malo, pero tenía cosas que no eran del todo buenas: estaba lleno de piojos, roncaba muy fuerte y tiraba a Alex de la cama.
Pero eso no era lo peor: Guarego robaba sin querer los sueños de los niños. O sea que dormir con él equivalía a pasarse la noche soñando con una pared blanca, muy blanca y aburrida, sin chiste.

Por las mañanas, Alex despertaba con piojos, mal dormido y adolorido, pero además triste porque no había tenido ningún sueño.

Por eso, Alex pidió a Guarego que ya no durmiese con él, pero el pequeño monstruo lo desobedecía, y aparecía siempre a la noche siguiente, sin hacer caso de las súplicas de Alex, quien ya estaba fastidiado de dormir acompañado.

Finalmente, un día Alex contó a sus papás que siempre dormía acompañado de Guarego. Entonces, los papas llenaron la cama de Alex de un repelente de monstruos que guardaban en su ropero.

Guarego no pudo soportar el olor del repelente de monstruos, y se fue a otra casa a dormir con otro niño, y entonces Alex se dio cuenta de lo importante que resulta dormir solo en la cama, pues siempre se amanece de buen humor, bien descansado, y sobre todo contento e ilusionado por haber soñado con cosas agradables.

Nunca más Alex molestó a sus papás, ni a sus hermanos, ni a su perro, ni a su gato, para que lo acompañasen a dormir.

viernes, 13 de marzo de 2009

Un cuento sin musa ni autor


Ésta es la historia de un cuento hermoso e ingenioso que carecía de musa y de escritor. Era una especie de huérfano literario.

Nació como todos los cuentos, siendo apenas una idea poco evolucionada. Fue entonces que decidió exponerse al mundo, para ver si alguna musa lo adoptaba para ser desarrollado.

Dio mil vueltas y visitó a cientos de musas, pero todas ellas lo ignoraron: unas porque estaban muy ocupadas; otras porque no veían potencial en una idea surgida de la nada; otras porque eran engreídas e insoportables.

Decidió probar en los círculos de escritores, por lo que, para tener éxito entre ellos, dejó de ser una idea y se convirtió en un argumento, con la idea de ser más atractivo para estos ilustres individuos.

Como todos los autores lo ignoraron, empezó a generar sus propios personajes. Ni siquiera así fue adoptado, pues los escritores eran rutinarios y orgullosos, poco creativos y muy repetitivos. Un cuento como él implicaba un autor fuera de serie, un verdadero genio de los que casi no había.

Desesperado y triste, se sentó a desahogar su frustración en la acera de una calle poco transitada. Sus sollozos llamaron la atención de un niño de la calle que por ahí rondaba.

Fue así que conoció a Javier, quien tenía el don de escribir y dibujar en las paredes cuando la policía estaba descuidada, un grafitero excepcional y nada reconocido, que pasaba la mitad de su tiempo pintando paredes y la otra mitad huyendo de las autoridades.

Ambos se contaron sus historias y se consolaron mutuamente, hasta que al niño se le ocurrió una idea: hacer un grafitti con el cuento escrito, pero llenándolo de dibujos y colores para hacerlo más llamativo.

Aquella noche ambos trabajaron hasta muy tarde.

Por la mañana, los transeúntes se encontraron con una pared hermosamente decorada con una bellísima historia escrita. En menos de dos horas la prensa estaba ahí, como sorprendida por un milagro, por la aparición mágica de una bella obra de arte inexplicable que pertenecía simultáneamente a dos mundos diferentes: a la pintura y a la escritura. Cientos de personas desfilaron para disfrutar esa maravilla aquel día.

No tardaron los periodistas en saber que aquello era la creación de un niño grafitero muy pobre, de nombre Javier, lo que hizo que el alcalde de la ciudad lo premiase con un contrato para que llenase todas las paredes ociosas con muchos dibujos multicolores y con esa bella historia que a todos encantaba.

Así, Javier vivió holgadamente el resto de su vida, haciendo lo que siempre le había gustado, y el cuento de esta historia quedó muy contento, plasmado para siempre en muchas paredes de aquella embellecida ciudad.