miércoles, 27 de mayo de 2009

La relatividad de la vida en Kalmansoo


El sapo croaba apasionado en busca de una hembra que no aparecía; la luciérnaga coqueteaba inútilmente con su luz; el vampiro salía perezosamente de su féretro de roble blanco tras de varios días de no encontrar una víctima; el jaguar acechaba al capiraba que no encontraba su madriguera, pero que sabía evadirlo; el crótalo huía desesperadamente del búho; la luna mostraba avergonzada su acné sideral; Juan agonizaba por la eliminación del Barça en la Champions League; y yo renegaba del autor del sudoku cuya solución no encontraba.

Mientras esto ocurría en la Tierra, en el lejano Kalmansoo todos se comían los unos a los otros, pero nadie se apasionaba, ni maldecía, ni se angustiaba. Simplemente asumían su papel.

Obviamente, en aquel lejano y complicado planeta, todos los seres eran criaturas maduras.

martes, 26 de mayo de 2009

Los poripos de Kalmansoo


En aquel extraño mundo no existía una cadena alimentaria: todos se comían los unos a los otros. Todo era cuestión de fuerza, de distracciones, de emboscadas, de alianzas perversas y circunstanciales, de traiciones. No había depredadores, o, más bien, todos lo eran.

Pero además existían los poripos, seres perversos que no se alimentaban de materia nutritiva, sino de la escasa alegría que había en ese deprimente planeta. Para hacerlo, penetraban conchas y caparazones; invadían agujeros y madrigueras.

Por eso, en Kalmansoo, todos los seres vivos, excepto los poripos, vivían amargados, odiándose los unos a los otros y a sí mismos, renegando de todo, deseando siempre lo peor para los demás.

Los poripos, después de digerir la alegría robada a los demás, simplemente la eructaban.

lunes, 25 de mayo de 2009

La lluvia mágica de Kalmansoo



Cuando aquellas portentosas nubes amarillas dejaban caer finalmente su añorado contenido sobre la superficie de ese extraño mundo, todos sus habitantes, sin excepción, salían de sus conchas, de sus caparazones, de sus agujeros o de sus madrigueras para recibirlo.

Extendían sus cuerpos y extremidades al máximo, para así optimizar sus superficies de piel y escamas, pretendiendo lograr un mayor contacto con el preciado líquido.
Aquella agua de de color amarillo no mojaba. Ni siquiera se sentía su caída sobre el epitelio, sino que simplemente penetraba todos los tejidos, incluyendo los del alma.

Quienes recibían aquel baño místico, se sentían inmediatamente purificados; se perdonaban a sí mismos; veían solamente sus aspectos buenos, sus lados positivos; y dejaban atrás sus remordimientos.

Así, una vez impregnados de la lluvia mágica de Kalmansoo, todos aquellos seres quedaban de nuevo listos para fastidiarse los unos a los otros.

domingo, 24 de mayo de 2009

Las almas buenas de Kalmansoo


En Kalmansoo jamás existieron almas buenas.

Todos los seres que ahí habitaban, de cualquiera de sus múltiples especies, eran tenebrosos, malvados, crueles y envidiosos.

Lo anterior estaba en su naturaleza a modo de perversión genética, en la maldita órbita en la que giraba el planeta, en los tóxicos rayos de su lejano sol, en la atmósfera envenenada de siempre.

Por eso, los bondadosos dioses de ese mundo, nunca habían querido enviar esas complicadas almas a un infierno una vez muertos. No hubiese sido justo.

Alguna vez generaron para ellos un agradable lugar al que sarcásticamente llamaron cielo, pero, al menor descuido de los dioses, las criaturas en ese lugar seguían devorándose las unas a las otras.

Por eso, los onmisapientes rectores de ese alejado mundo, finalmente decidieron abandonar aquellas almas en el vacío intemporal e inmaterial. Había tanto espacio para ellos en ese horrible más allá de Kalmansoo, que muy pocas veces dos almas coincidían.

Pero cuando este poco probable evento ocurría, la primer alma que divisaba antes a lo otra, la devoraba completamente.

No, en Kalmansoo jamás existieron almas buenas.

sábado, 23 de mayo de 2009

La diversidad genética en Kalmansoo


Sería por la atmósfera llena de malas intenciones, o por los perversos rayos de su sol maldito, o por lo que sea que no comprendemos, pero en aquel extraño mundo llamado Kalmansoo no existían tres reinos de la naturaleza, sino cinco.

Descartemos el reino mineral, semejante al que los humanos conocemos en nuestro planeta. Los cuatro que restaban se encargaban de hacer la vida difícil a todos sus odiosos habitantes sin excepción.

Había un reino parecido al animal de la Tierra, en donde las criaturas, que aparentaban estar conformadas de carne, agredían a todo lo que se movía…y a lo que no se movía.

Estaba un reino vegetal semejante al nuestro, si bien la única coincidencia era que todos sus conformantes poseían raíces. Sus aparentemente agradables hojas y flores, eran tentáculos y aparatos digestivos capaces de disolver en cuestión de segundos a cualquier ente que se les acercara.

Estaba el reino de los cuchutrucos, criaturas semietéreas de color azul grisáceo, que con sus sudores ácidos disolvían a sus víctimas, y el de los poripos, temibles predadores de sentimientos.

La vida en Kalmansoo era un infierno permanente para todos sus habitantes, pero los seres que ahí vivían pensaban –igual que nosotros- que era el mejor lugar del universo.

jueves, 21 de mayo de 2009

La gallina de los huevos con tocino


Juan, el granjero, no lo podía creer: los huevos de Pina, la gallina, cuando se rompían sobre la sartén, salían del cascarón con rebanadas de tocino. En ese momento, supuso que se volvería rico con ese portento.

Fue por ello que corrió feliz al gallinero gritando:

“¡Pina, mi hermosa gallina Pina, pone huevos con tocino! ¡Nos volveremos ricos en poco tiempo!”

Todos los animales de la granja demostraron su alegría a su manera: mugiendo, relinchando, balando, piando…

Todos menos tres.

Al día siguiente, Pina la gallina y Nico, el cerdo, amanecieron muertos…a picotazos.

Juan supo enseguida que se trataba de un crimen pasional: Kiko, el gallo, había vengado su afrenta matando a la infiel Pina y a su porcino amante.

lunes, 18 de mayo de 2009

Cuentan los que saben de eso...


Cuentan los que saben de eso
que una vez una princesa,
tuvo un par de pretendientes
de muy distinta ralea.

Pim, pam, pim, pam,
¿Qué es lo que hará la princesa?

Ella, que era inteligente,
dueña de un gran riqueza,
puso a los dos aspirantes
a demostrar su nobleza.

Pim, pam, pim, pam,
¿Qué pensará la princesa?

Uno de ellos era príncipe,
con enorme corazón,
que le ofreció mar y tierra,
todo a cambio de su amor.

Pim, pam, pim, pam,
¿Qué es lo que hará la princesa?


El otro era un dragón
que volaba por doquier,
con enormes dimensiones,
y que sabía querer.

Pim, pam, pim, pam,
¿Qué pensará la princesa?

La princesa no era tonta,
y sabía de proporciones:
no podía desestimar…
las alas de los dragones.

Pim, pam, pim, pam,
¿Qué pensará la princesa?

El príncipe le ofrecía
un palacio en la llanura,
y le confesó que estaba
al borde de la locura.

Pim, pam, pim, pam,
¿Qué es lo que hará la princesa?


El dragón era más cauto,
y sabía lo que tenía:
una cueva en la montaña,
aunque era un poco fría.

Pim, pam, pim, pam,
¿Qué pensará la princesa?

La princesa meditaba,
y mientras se decidía,
se tomó unas vacaciones
en la casa de una tía.

Pim, pam, pim, pam,
¿Qué es lo que hará la princesa?

Los pretendientes pujaban
queriéndola impresionar,
pero ella no era tonta:
prefería especular.

Pim, pam, pim, pam,
¿Qué pensará la princesa?


Y mientras esto ocurría,
en el reino de Xativa,
ella conoció a una dama
que le resultó atractiva.

Pim, pam, pim, pam,
¿Qué es lo que hará la princesa?

¿Un dragón con mal aliento,
dueño de una cueva fría,
o un príncipe deschavetado,
compañero de por vida?

Pim, pam, pim, pam,
¿Qué pensará la princesa?


Y fue así que la princesa,
sin mayor contemplación,
se decidió por su amiga,
y le dio su corazón.

Pim, pam, pim, pam,
¡Eso hizo la princesa!