miércoles, 19 de agosto de 2009

Apocalipsis


Una vez más se presentó la omnipotente Noche a avasallar la superficie del planeta, borrando con su absoluta oscuridad hasta el último rastro de luz que hubiese pretendido dejar el Sol, su existencial pero insignificante enemigo.

La ingenua e impotente Luna -que de siempre había pretendido al Sol sin saber que éste coqueteaba igualmente con decenas de satélites- intentó quedar bien con él, poniendo un poco de su claridad para atenuar la impresionante oscuridad que la Noche promovía, pero de poco le sirvió a aquella: ésta, finalmente y como siempre, impuso sus reglas.

Llegado ese momento, cientos de criaturas noctámbulas aparecieron de la nada y poblaron el paisaje, dispuestas a cumplir con su consigna evolutiva de sobrevivir a cualquier costo, devorándose las unas a las otras para que sus amadas crías lograsen tener un futuro, tal como la diosa Natura había dictaminado: la crueldad manifestada estaba en sus genes. No era su culpa.

Así transcurrían las Horas. La Noche imponía su oscuro manto, pero no era tan perversa como podría pensarse: de alguna manera estimaba a su enemigo, y también a las criaturas diurnas que siempre lo acompañaban. Sabía que la diosa Natura también las protegía, y ella era respetuosa de sus grandes designios.

Y entonces, en un acto de humilde redención que se repetía en cada ocasión, cedió una vez más su lugar al Sol, cuya claridad reaparecía tímidamente en el horizonte, como pidiendo permiso.

La Noche era sabia, y jamás hubiese pretendido destruir el gran Equilibrio que había generado el gran dios de aquel bellísimo Universo hoy desaparecido. La destrucción vino de otro lado.

Hoy el reino de la Noche, convertida en eterna, se extiende hasta el infinito.

lunes, 17 de agosto de 2009

El duende que brincaba


Un día se aburrió de brincar y brincar.

Tal vez fue la madurez, tal vez el cansancio, o posiblemente el inicio de la vejez, pero de pronto empezó a cuestionar tantos brincos durante toda su vida.

Fue entonces que el duende se preguntó por qué brincaba.

¡No tenía la menor idea de por qué lo hacía!

Concluyó entonces que había sido programado para ello desde su nacimiento, algo así como un destino inmutable, absoluto.

Descansó un rato, y al no encontrar respuesta a su enorme duda existencial, retomó sus brincos. Eran parte de la vida, indudablemente.

El duende murió brincando.

viernes, 14 de agosto de 2009

Crimen en el espacio geométrico tridimensional


El detective Cubo fue asignado al misterioso caso de la inesperada muerte que se presentaba en el espacio geométrico de las Tres Dimensiones.

El Paralelepípedo había sido asesinado y despojado completamente de sus aristas, para hacerlo aparecer como un robo.

Tras de analizar minuciosamente al difunto, el Cilindro -prestigiado médico forense local- informó al detective Cubo que aparecían huellas afiladas por todo el cadáver, hechas indudablemente por alguien con bordes perfectamente rectos y punzocortantes.

El detective Cubo fue informado de un romance prohibido entre la Esfera, esposa del asesinado Paralelepípedo, y el atractivo e irisado Prisma.

Finalmente apareció en escena el Cono, quien había sido testigo de los hechos.

El Prisma y la Esfera, cómplices confesos del asesinato del Paralelepípedo, fueron condenados por la jueza Pirámide a veinte años de reclusión en el plano geométrico de las Dos Dimensiones.

domingo, 9 de agosto de 2009

La sirenita de Santorini


Urika era una joven sirenita que cuestionaba la conservadora tradición de los seres mitológicos del conservador mar Egeo. Su rebeldía le había costado muchas llamadas de atención de parte de los eméritos tritones y sirenas consagradas, y estaba siempre en el ojo del huracán de su rancia sociedad submarina.

Y por si lo anterior fuera poco, una tarde de verano, Urika se enamoró perdidamente y a primera vista de Néstor, un sencillo pescador del puerto de Santorini, un humano de verdad bello, quien ni siquiera sabía de su existencia.

Ella estaba nerviosa, pues no tenía la menor idea de cómo podría conquistar a un humano, así que decidió acercarse a las frecuentadas playas de Santorini, para ver cómo hacían las hembras humanas para conquistar a sus machos.

Pasó muchas horas observándolas, y se dio cuenta del enorme poder erótico de un ropaje escueto que apenas cubría su cuerpo. Los hombres se volvían locos al ver a una mujer con esa prenda. Por una sirena amiga, supo que ese atuendo se llamaba bikini.

Fue así que Urika descendió al fondo del mar Egeo en busca de elementos que le pudiesen servir para confeccionar uno de ellos.

A la mañana siguiente, Urika lucía un pequeñísimo y supuestamente excitante bikini hecho con medusas fluorescentes y algas multicolores. Su amiga le dijo que se veía sensacional, sexi, irresistiblemente atractiva.

Así, sabiendo que Néstor salía a pescar siempre al mediodía, pensó en dejarse atrapar por las redes de su amado. Él, al sacarlas del agua, se encontraría con una bellísima y supersexi sirenita, llena de ganas de amarlo.

El plan era perfecto: no había posibilidades de que fallase.

Cuando Urika vio desde el fondo del mar cómo caían las redes de Néstor, subió inmediatamente y se introdujo en ellas completamente emocionada, entre los atunes y las merluzas.

Néstor sacó las redes con su portentosa musculatura.

Pero la sorpresa para Urika fue había otro pescador que ayudaba a Néstor en sus menesteres, y entre tirón y tirón a las redes, le hacía caricias y lo besaba.

Urika, observando aquello, frustrada y con asco, saltó de la red antes de que Néstor pudiese verla, y se alejó de aquel bote para siempre.

Desde entonces, Urika se dedica a dejarse querer por los jóvenes tritones del fondo marino.

lunes, 3 de agosto de 2009

El duendecillo de las doce en punto


Por un imperdonable descuido de su madre, Tic Tac, el pequeño duende, nació dentro de un reloj hecho por su padre, el duende relojero más importante de su aldea.

Hay algunos antecedentes en esta historia que deben aclararse antes de seguir adelante con ella:

El primero es que los duendes que fabrican relojes los hacen tan bien que jamás requieren composturas. Es por eso que los relojes hechos por duendes jamás se abren: son totalmente herméticos y sellados. Una vez acabados, no hay forma de entrar ni de salir de ellos.

El segundo antecedente es que es una equivocación enorme el calificar de imperdonable un descuido cometido por un duende. Los duendes son seres muy comprensivos que jamás condenan y todo lo perdonan. Digamos entonces que el error de la madre de Tic Tac no fue imperdonable, y pronto quedó olvidado, pero…

El hecho es que cuando Tic Tac logró ser conciente de su existencia, vio que su universo era una caja llena de engranes y manecillas. Recorrió su limitado territorio en cuanto tuvo edad para desplazarse.

Fue así que conoció a la cuerda, al minutero, al acelerado e inagotable segundero, a la perezosa manecilla que marcaba las horas, a decenas de resortes, engranes y tornillos que fueron sus amigos desde el principio y para siempre. También estaba la señora carátula, llena de piedras preciosas colocadas de manera equidistante, que sin embargo para él no tenían el menor significado.

Un día descubrió que la carátula tenía una cubierta de un material transparente que asomaba hacia otro mundo totalmente incomprensible que algunos engranes llamaban “el exterior”. Como nunca entendió ese concepto, Tic Tac decidió ignorarlo y dedicarse de lleno a sus amigos internos.

Fue así que un día, mientras platicaba alegremente con las tres manecillas de la carátula, se dio cuenta que las tres quedaban perfectamente alineadas. Aquello para Tic Tac fue un portento, algo de verdad maravilloso, y preguntó a sus amigas a qué se debía esa extraña formación tan hermosa.

Le contestaron a coro que esa situación ocurría dos veces cada día, o sea, cada vez que la perezosa manecilla que marcaba las horas decidía apuntar exactamente hacia arriba.

Aquel espectáculo le pareció precioso a Tic Tac, así que decidió estar presente en la carátula cada vez que ocurría.

El dueño del reloj, un humano bonachón que lo adquirió en el mercado de su pueblo, jamás imaginó que Tic Tac era un ser verdadero, y pensaba que el encanto de aquel hermoso dispositivo para medir el tiempo era que un pequeño duendecillo mecánico asomaba siempre bajo el cristal al medio día y a la media noche.

Fue entonces que este hombre bautizó a Tic Tac con el nombre del Duendecillo de las Doce en Punto.

domingo, 2 de agosto de 2009

El retorcido encino


El árbol de nuestra historia era viejo, retorcido, lleno de nudos y de huecos. La belleza física jamás había sido su atributo.

Sin embargo, esa aparente fealdad que lo caracterizaba, lo había salvado varias veces de las hachas y motosierras de aquellos taladores clandestinos que asolaban el bosque. Ellos preferían los árboles derechos, sin nudos y sin huecos.

Él era consciente de lo anterior, y sabía que gracias a sus defectos, su vida y su misión habían estado a salvo, por lo menos hasta ese momento.

Pero la fealdad que la naturaleza le había otorgado, tenía una enorme razón de ser.

En el interior de su retorcido tronco, mimetizada entre tantos y tantos huecos amorfos, había algo maravilloso, algo que lo llenaba de orgullo, la razón por la que él había sido creado: ahí se encontraba la única puerta del universo entre dos mundos poco compatibles, el real y el fantástico.

Solamente un puñado de seres privilegiados de ambos mundos sabía de aquel increíble hueco, y podía utilizarlo en ambos sentidos.

El viejo encino, consciente de su trascendencia, saludaba orgulloso a los seres elegidos que lo atravesaban.

sábado, 1 de agosto de 2009

Escape del Reino de la Realidad


Hacía tiempo que no visitaba a mis amigos inexplicables de otras épocas: duendes, gnomos, musas, fantasmas, dragones, ranas encantadas, sapos ganadores de premios Nobel, vampiros, demonios aburridos, ángeles rebeldes, extraterrestres ingenuos, zombies, hombres lobo, brujas, hadas madrinas, yetis, sátiros, cíclopes, cancerberos y seres de la quinta dimensión.

Todos ellos, mis fieles amigos de muchos años, se me acercaron y me recibieron con mucha alegría. Suspendieron sus actividades completamente para venir a abrazarme y a manifestarme que también ellos me habían extrañado. Me hicieron una calurosa y amena fiesta de bienvenida.

Les conté entonces de aquel desagradable mundo llamado el Reino de la Realidad, de donde había logrado huir hacía apenas unas horas, así como de sus monstruosos habitantes: las Necesidades, el Tiempo, los Compromisos, el Qué Dirán, las Presiones, la Envidia, los Celos, la Soledad, la Tristeza, y muchos otros entes fastidiosos de la peor ralea.

Mis amigos inexplicables dudaron un rato en creer que pudiesen existir semejantes monstruos. Les sonaban de verdad fantásticos. Se horrorizaron al saber que en ese espantoso lugar hubiese tantas calamidades juntas, y se compadecieron de mí.

Y cuando la fiesta estaba en su punto álgido, cuando mi alegría existencial parecía eternizarse, la Realidad envió unos malditos emisarios para volver a atraparme: las Obligaciones se hicieron presentes, y me llevaron con ellas de nuevo a mi desagradable vida de siempre.