jueves, 7 de agosto de 2008

El cuento que jamás se publicó

El escritor estaba frustrado, pues tenía decenas de personajes en la cabeza, pero no lograba armar una trama que valiese la pena. Después de varios días de pensarlo sin encontrar nada mejor, decidió escribir sobre una guerra de época, en la que participarían todos sus personajes al mismo tiempo.

El problema histórico-literario era que todos los personajes pertenecían a diferentes mundos, épocas o circunstancias, así que apeló a un nuevo estilo literario ecléctico, esperando así resolver su frustración.

Así, Zeus fue asesinado en el Olimpo por un yeti del Himalaya, lo que inició la gran guerra, mientras que un duende espía perseguía con malas intenciones a Caperucita Roja en el desierto del Sahara, y Peter Pan ocupaba un distinguido lugar al lado de Tutankamen en el imperio egipcio.


El cuento se extendía enormemente sin definir quién ganaría la guerra, y el autor corría el riesgo de exceder el número de páginas solicitadas por el editor.

Entonces el escritor decidió convertirse en un personaje más y asesorar a Batman como líder del bando bueno, y así acabar con esa guerra de una vez por todas.

Pero justo cuando el autor logró ser recibido por Batman y su séquito de hadas, apareció un Tiranosaurus Rex que lo devoró sin piedad.

Como nadie pudo terminar el cuento, el borrador de éste quedó abandonado para siempre sobre el escritorio del difunto escritor.

miércoles, 6 de agosto de 2008

El escritor en busca de su musa

Después de pasar muchos días sentado frente al teclado sin escribir algo que valiese la pena leer, el hasta entonces exitoso escritor concluyó que su musa lo había abandonado, y temía que fuese para siempre. Intentó escribir sin ella, pero sólo creaba personajes sin razón de ser, historias sin argumento, cuentos sin gracia y tramas absurdas que harían bostezar a cualquiera.

Se dio cuenta de que debía salir a investigar qué había pasado con su musa, si se había marchado con otro, si estaba de vacaciones o si simplemente había abandonado sus responsabilidades.

¿Por dónde se inicia la búsqueda de una musa desaparecida?

El escritor no encontró más remedio que preguntarle al teclado. Éste le dijo que no sabía en dónde estaba, pero que, en efecto, hacía tiempo que no disfrutaba del toque mágico de sus dedos sobre sus teclas. Le sugirió preguntarle a la impresora.

La impresora reconoció que recientemente sólo había impreso cuentos sin sabor ni gusto, lo que jamás sucedía cuando la musa estaba presente. Le sugirió preguntarle al papel.

El papel estaba disgustado, pues de unos días a la fecha solamente había contenido historias absurdas y aburridas, pero no tenía idea de dónde podía estar la musa. Le sugirió preguntarle a la tinta.

La tinta estaba triste, pues se estaba acabando y de ella no salía nada interesante los últimos días. Tampoco imaginaba en dónde podía estar la musa, por lo que sugirió al escritor buscarla en alguno de los párrafos.

Los párrafos recordaban haberla visto recientemente, y le dijeron que estaba deprimida, triste, con pocas ganas de generar inspiración. Sugirieron al escritor preguntarle a las palabras.

Las palabras sí sabían en dónde estaba la musa, pero reconocieron que la estaban ocultando bajo un disfraz, pues ella estaba muy molesta con el escritor, pues él jamás reconocía que quien realmente creaba aquellos inspirados cuentos era ella, siendo el escritor un mero instrumento que presumía todo sin hacer nada. Por eso la musa había decidido esconderse y dejarlo solo, para ver si así se daba cuenta de lo injusto que estaba siendo.

Con esa información, el escritor –ahora convertido en detective- buscó con lupa entre las letras. Después de un par de horas de búsqueda, encontró a su MUSA disfrazada de SUMA en un discreto párrafo que hablaba de operaciones aritméticas.

Una vez descubierta, se disculpó con ella y la abrazó un rato largo.

Inmediatamente regresó al teclado y escribió la historia de un escritor inmodesto que había ofendido a su musa al extremo de obligar a ésta a esconderse de él disfrazada de operación aritmética.





viernes, 1 de agosto de 2008

El último duende urbano


Su familia milenaria le había asignado el cuidado permanente de aquel maravilloso tesoro, aun a costa de su propia vida. Él lo asumió, y entendió perfectamente la relevancia del asunto.

Vivía en uno de los últimos árboles de aquella enorme y contaminada ciudad, respirando aire de mala calidad, soportando ruidos de motores y de cláxones, viendo basura por todas partes, pero, por su relevante mandato, no podía mudarse.

Lo acompañaba de mucho tiempo atrás una ardilla, más su amiga que su mascota, pues siempre se apoyaban el uno al otro a medida que la situación se agravaba. Ambos se turnaban para vigilar el tesoro.

Aquella mañana, los dos habitantes del árbol entraron en crisis, pues al amanecer un rugido estruendoso con olor a diesel los despertó: a pocos metros de distancia se encontraba, apuntando hacia ellos, una enorme máquina motoconformadora, cuyo operador tenía muy claras sus intenciones de arrasar con aquel árbol aislado y el pedazo de pasto que lo rodeaba, para hacer una importante ampliación en aquella avenida.

Respecto al árbol, ambos entendieron que sus días ya estaban contados de tiempo atrás y poco había que hacer. En el peor de los casos, podrían encontrar algún otro en el cual morar. Pero debían cuidar el tesoro, y eso se veía muy complicado: ese pedazo de césped era el último en aquella ciudad –probablemente en muchísimas ciudades-, y ningún humano se había dado cuenta de ello.

Así, el duende y la ardilla se pusieron de pie sobre el pedazo de césped y decidieron intentar impresionar al operador de la máquina con su presencia, tratando de que reconsiderara su actitud. No fue así.

El árbol destrozado, el pedazo de césped con sus raíces llenas de tierra y los cadáveres de un duende y una ardilla, fueron arrojados esa misma mañana al basurero de la ciudad, junto con la última esperanza ecológica de aquella localidad.

Los automovilistas de la ciudad aplaudieron la decisión del alcalde de ampliar la avenida, pues ya les resultaba insuficiente.

miércoles, 30 de julio de 2008

El abrevadero de los dragones

Dicen los que saben de esos menesteres que en el lejano reino de Dragonia existe un río mágico a donde llegan todos los dragones de la región desde lo alto de las escarpadas montañas a saciar su sed de agua y de relaciones dragonianas, muy importantes para todos ellos.

Cuentan que en la ribera norte, junto a la peña dorada, los dragones machos platican, mientras beben, de cosas muy importantes, no de chismes y tonterías, como ellos piensan que hacen las hembras.

Igualmente, en la ribera sur del mágico río, las dragonas hembras se reúnen para refrescarse y mantenerse informadas de las novedades de su conservadora sociedad: las dragonas deben siempre saber todo lo que pasa a su alrededor.

Las pláticas entre los machos versan en comentarios sobre el último torneo entre dragones y caballeros medievales; en secuestros de princesas; en saber en dónde se encuentran los mejores campos para atrapar ovejas; y en lo atractiva que está la nueva dragoncita dorada que llegó a la sierra la semana anterior.

Por su parte, las hembras hablan del nuevo bebé de Flora, la dragona púrpura; de lo chismosa que se ha vuelto Xania; de los coqueteos con sus maridos de la perversa dragoncita dorada recién llegada; y de cómo preparar brebaje de flores de Vanalia, tan necesarias para que sus pequeños empiecen a escupir fuego a partir de la adolescencia.

Así, dicen que al ponerse el sol, todos los dragones del reino de Dragonia, machos y hembras, emprenden el vuelo, satisfechos de haber convivido con sus semejantes, y se dirigen a sus cálidas cavernas en lo alto de las escarpadas montañas a pasar una agradable noche acompañados de sus queridas familias.

domingo, 27 de julio de 2008

El misterioso caso del unicornio ofendido


El cadáver del autor de cuentos fantásticos apareció en su estudio, desangrado frente a su escritorio.

El médico forense dictaminó que la causa fatal había sido una profunda cornada de unicornio que atravesó el corazón.

El fiscal y sus detectives descubrieron el móvil del crimen, inexplicable en el caso de ese tierno e inofensivo animal: el escritor había olvidado incluirlo en su último cuento, a pesar de haberle prometido que lo haría.

sábado, 26 de julio de 2008

El artista extrañado y la musa estreñida

El artista estaba extrañado y la musa estaba estreñida.

Él no tenía la menor idea de la razón por la que era incapaz de crear algo de calidad desde hacía varios días.

Ella estaba preocupada y concentrada en su problema, por lo que no brindaba inspiración al artista.

Él estaba frustrado y desconcertado, pues desconocía la razón.

Ella cometió el error de cambiar de dieta al no encontrar néctar de bugambilia azul y beber, en cambio, el de bugambilia púrpura.

Él le preguntaba a la musa la razón de su inesperada improductividad.

Ella era tímida y no le quería contar su problema.

Él -después de un par de semanas- concluyó la causa.

Ella lo reconoció muerta de la vergüenza.

Él –artista después de todo- creó a un duende boticario, quien preparó, por órdenes suyas, un laxante sutil para hadas y musas.

Ella tomó el brebaje medicinal siguiendo las instrucciones del duende, y en menos de un día su intestino volvió a la normalidad.

Él regresó a su creatividad habitual, y en pocos días generó una excelente obra de arte.





NOTAS DEL AUTOR:

1) Los seres fantásticos están felices pues ya tienen quien les prepare y venda remedios para sus males.

2) El duende boticario se está volviendo rico, pues el estreñimiento está muy generalizado en el mundo fantástico.

lunes, 21 de julio de 2008

Criaturas especiales

Fueron creadas por algún ente inimaginable que sabía mucho de la vida. Les enseñó sus funciones básicas y las desperdigó por el mundo.

Perciben los embarazos en las hembras humanas y penetran sus vientres. Se acomodan permanentemente en los cerebros de los niños por nacer. Unas se posicionan en la región perceptiva; otras se adueñan del control de los músculos faciales.

Empiezan a trabajar sincronizadamente antes del nacimiento de la criatura, convirtiendo toda sensación o percepción agradable en un curioso tirón muscular en la cara, que genera un gesto de boca torcida en forma de “u” o algo semejante, y a veces uno o dos hoyos pequeños en los cachetes.

Generalmente permanecen dentro de las personas toda la vida, pero se sabe de casos en que son escasas, en que desaparecen a cierta edad, y de otros en los que jamás han estado presentes, aunque estos son situaciones extraordinarias.

Estos maravillosos seres invisibles de origen desconocido son los responsables de generar, a cada momento, las agradables y reconfortantes sonrisas humanas.