martes, 7 de mayo de 2019

Un mundo feliz

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Existe, en el mundo de la fantasía del que tan poco sabemos, un reino en donde viven únicamente criaturas frágiles, ligeras, irisadas y perfectamente redondas, increíbles seres que los humanos conocemos como pompas de jabón.

“En nuestro mundo también existen pompas de jabón”, me dirán los lectores. Pero debo advertir que aquéllas que viven en ese indescriptible reino en el mundo de la fantasía, son pompas de jabón conscientes, vivas y pensantes, capaces de organizarse socialmente y de desarrollar su propia tecnología para mejorar día a día su calidad de vida. “¿Pompas de jabón tecnológicas?”, dirán algunos humanos carcajeándose.

En mi calidad de investigador académico de mundos fantásticos, tuve oportunidad de hacer una tesis acerca de cómo viven las pompas de jabón cuando los humanos no interfieren en sus asuntos. Para ello, aprovechando el financiamiento que me otorgó la Universidad de lo Increíble, viajé hacia el Reino de las Pompas de Jabón. 

No fue fácil conseguir la visa. Son criaturas difíciles, complicadas y quisquillosas, pero tienen razón de serlo, pues debemos recordar que son frágiles, y si no se cuidan, su vida puede ser efímera. 

También, para comprender lo anterior, debo hacer saber a mis lectores que al lado del Reino de las Pompas de Jabón hay un país en donde viven sus peores enemigas, llamado el Reino de las Puntas y las Aristas. De ese lugar se infiltran a diario y subrepticiamente, cientos de agujas y  alfileres terroristas dispuestas a generar desmanes  entre nuestras redondas y vulnerables amigas.   

Ahora quiero describir un poco la vida de las pompas de jabón en su inigualable reino. En su prehistoria, eran como las conocemos en nuestro mundo: totalmente vulnerables y de vida efímera. Al principio sufrieron mucho, pero… 

Hoy, gracias a su natural inteligencia, han aprendido muchas cosas, y su calidad de vida es envidiable. Nacen en viveros. Poseen ventiladores sutiles que empujan las películas de jabón formadas en pequeños aros metálicos, y de ahí surgen las nuevas criaturas, que, antes de ser liberadas al mundo exterior, son conducidas por suave brisa hacia la escuela. Sería injusto liberarlas, desde luego, sin antes instruirlas acerca de su vulnerabilidad, de sus maravillosas capacidades, y de la existencia de sus terribles enemigos naturales: las aristas, las puntas, las agujas y los alfileres. 

También en esa escuela se les refuerza su autoestima, haciéndoles ver que son esferas perfectas, y que, por lo mismo, son capaces de generar reflejos irisados muy bellos, y que su ligereza, manejada tecnológicamente, puede hacerlas volar y extender su esperanza de vida de manera ilimitada. Así salen a la vida. Saben, como las aves, manejar las corrientes de aire caliente ascendentes, que les permiten planear indefinidamente. Cuando llega la noche, las bajas temperaturas inhiben el viento, por lo que suelen descender y reposar en el suelo, tapizado generalmente por pétalos de rosa, para evitar accidentes fatales. 

Es ahí, entre los pétalos de rosa, en donde suelen esconderse las malignas agujas y alfileres, esperando reventar a las pompas de jabón. Por eso nuestras amigas son tan rigurosas a la hora de extender visas para visitar su reino. 

Conviví, por cosas de la vida, con esas inimaginables criaturas, lo suficiente como para admirarlas, para reconocer que son únicas, pero también para saber que las envidias de las agujas y alfileres son tremendas, y que, si las pompas de jabón se descuidan, su maravilloso reino podría desaparecer, y solamente sobrevivirían en el nuestro, simplemente como mascotas inanimadas de nuestros domingos en los parques populares, en donde los niños humanos las generan y las maltratan sin llegar a comprender jamás su maravillosa esencia. 

martes, 5 de febrero de 2019

Porsiacaso y las mil posibilidades


En este universo lleno de seres extraños, existió -no ha mucho según el calendario que rige las Cosas Innegables- un elfo muy previsor.

Dicen que antes de nacer acercaba su oído al exterior del vientre de su madre para tratar de escuchar lo que pasaba allá afuera: la temperatura, el ambiente político, los rumores de la bolsa de valores…

Cuando nació, la partera se sorprendió de que él -en vez de llorar- giraba su cabeza, con los ojos muy abiertos, a la izquierda, a la derecha, hacia arriba y hacia abajo, como tratando de entender de qué se trataba todo aquel extraño exterior, previendo cualquier sorpresa desagradable.



Antes de acercar sus labios al pezón de su madre, palpó ambos senos para constatar los inventarios lácteos. Una vez confirmada su seguridad nutricional en el mediano plazo, revisó someramente la habitación en donde había nacido, para así conocer el nivel socio-económico de su familia. Se sintió temporalmente seguro, aunque con algunas dudas. Después de eso, se atrevió a mamar, no sin antes verificar la calidad de la leche materna.

El sabio y congruente Destino hizo que los padres lo bautizasen como Porsiacaso. Dice la leyenda que la criatura siempre dormía con los ojos abiertos.

En cuanto tuvo uso de la razón, apeló a las mil Posibilidades, extrañas deidades elfas que brindaban un enorme espectro de escenarios existenciales posibles. Ellas lo llenaron de probabilidades y de sabiduría circunstancial.

Así, Porsiacaso inició sus aventuras en este cambiante y azaroso mundo siempre analizando y sopesando lo que podía pasar y lo que no era teóricamente posible.

Desarrolló complejos árboles decisionales, técnicas para conocer escenarios factibles y situaciones coyunturales, así como  toda clase de metodologías de análisis probabilísticos y determinísticos.

Se doctoró en Desconfianza Justificada, en Dudas Razonables, en Incertidumbre Factible,  en Temores Lógicos, en Angustia Existencial, en Probabilística Improbable, en Circunstancias Insólitas, en Ciencias Predictivas, en Absurdos Materializables (en el corto, mediano y largo plazo).

Porsiacaso murió joven, atropellado por una carreta de bueyes lentos que él no vio venir, precisamente por estar distraído pensando en lo peligrosas que podían ser las veredas de su aldea elfa.

La probabilidad de que Porsiacaso muriese en esas condiciones era en realidad muy baja, pero el omnipotente dios Porquemedalagana decidió que así fuese.


Manzanología






Obviamente era de noche. Adán estaba cansado, con ganas de acostarse. Ella lo tentó con la manzana. De otra manera él nunca hubiese aceptado aquella loca propuesta. Los hombres somos sobrios; las mujeres son a veces irresponsablemente explosivas.

Ella quería poseerlo. Él sabía que tenía que madrugar para ganarse la vida (eso del paraíso es una falacia). A ella no le importaba. El egoísmo femenino puede ser atroz.

Había un tercer involucrado: un tal Dios.

Dios era el dueño de la manzana, y se sintió afectado cuando Eva la bajó del árbol. Así que Dios -criatura omnipotente- quiso sacar ventaja de la situación.

Dios le dio a la manzana un valor agregado innecesario, y pretendió cobrar injustamente a Adán –no a Eva- el usufructo de una fruta hasta entonces irrelevante.

Cuando Adán –ya con ganas de acostarse- reclamó por el abuso, Dios lo amenazó con  la mordedura de una serpiente venenosa. Así no era posible acostarse plácidamente.

Eva disfrutaba la escena: o Adán hacía el amor con ella, o la serpiente lo picaba.

Adán aceptó el chantaje: mordió la manzana y tuvo sexo con Eva (no era, desde luego, la primera vez).

Dios –criatura prepotente- quiso especular una vez más con el precio de la manzana ya mordida. Adán, cansado del sexo y muerto del sueño, pretendió regatear (le costaba mucho ganarse la vida).

Dios -genéticamente judío- se sintió ofendido por la contrapropuesta de Adán. Le salió el rencor bíblico de Jehová  y  los expulsó del paraíso.

Adán, que no era tonto, guardaba discretamente  entre sus premolares una semilla de la manzana del Árbol de la Vida. En cuanto encontró tierra fértil la sembró, y puso una planta productora de sidra. Eva se encargaba del control de calidad, mordiendo una manzana de cada cien.

Caín y Abel –sus hijos- disfrutaron de las utilidades del negocio de los padres, hasta que Abel adquirió un vehículo de lujo. Caín se moría de la envidia y decidió asesinar a su hermano para quedarse con el BMW.

Después de eso, Caín desarrolló nuevas variedades genéticas de la manzana original, y nuevos pecados sexuales fueron cometidos por sus sucesores. Hoy la vida es un degenere. Cada variedad de manzana encierra una nueva forma de pecado.







Se consideraba a sí mismo el más imbécil de los dioses, pues mientras las otras divinidades la pasaban bien en el Olimpo –fornicando, bebiendo o celebrando-, él llevaba millones de años llevando sobre su espalda el peso del planeta Tierra.

Además había envejecido, y lo amenazaba el mal de Parkinson. ¿Qué pasaría en la Tierra con sus inminentes temblorinas?


Por todo ello, consideró oportuno tomarse una vacaciones y dejar la responsabilidad del peso de la Tierra a dos de sus líderes políticos más destacados: Donald Trump y Vladimir Putin…

La encantadora Princesa Caramelo y el horrible Capitán Sorpresa


Ella -la encantadora Princesa Caramelo- vivía de ensueños.


 Él tenía que resolver los asuntos de estado, asesinando enemigos, torturando prisioneros, ocultando ante el reino las bajezas del rey padre de la princesa.



Ella lo conoció en una ceremonia esplendorosa, cuando la Condesa del Azúcar se casó con el Príncipe de los Dulces Sueños en el Palacio de Verano, junto al mágico lago Chateauneuf.

Él acudió a la boda en prevención de un magnicidio inminente del que se había enterado tras haber sometido al potro de tortura a varios enemigos de la familia real.

Ella esperaba que el gallardo capitán la sacase a bailar un vals de Straus que estaba de moda entre la realeza.

Él tenía mil ojos y mil oídos escudriñando a todos los asistentes.

Ella le coqueteó. Hizo uso de sus mejores recursos femeninos para engatusar al jefe de inteligencia del reino.

Él se distrajo un segundo ante las redondeadas rodillas de la princesa.

El disparo asesino fue a dar justo en la sien del rey, que en cuestión de segundos murió desangrado.

Él nunca se ha perdonado el descuido. Hoy vive mortificado en una fría galera, acusado de complicidad.

Ella hoy disfruta de la herencia real junto con su amante, el Príncipe de los Dulces Sueños, autor intelectual del  asesinato del rey.

La Condesa del Azúcar sigue amando al Príncipe de los Dulces Sueños -su esposo-, sabiendo que le es infiel, pero disfrutando de su status de esposa del amante de la recién coronada reina Caramelo.

Los demás ni siquiera nos imaginamos lo que pasa allá arriba.   

La competencia entre los superheroes



Llegó el día en que todos los malos del universo estaban exterminados por el exceso de superheroes. Para éstos solamente quedaban opciones de trabajo en Hollywood, pero eran demasiados los aspirantes para tan pocas películas.

La situación se agravó cuando el público cinéfilo se saturó de superhazañas y decidió pasar las tardes de sábado y domingo comiendo churros con chocolate.

Un churrero inteligente inventó entonces el superchurro. Se trataba de un churro superdotado que volaba, era muy fuerte, tenía vista de rayos equis, se hacía invisible, era superelástico y leía el cerebro de sus enemigos.

Su única debilidad era que se ablandaba cuando lo remojaban en chocolate caliente.

lunes, 4 de febrero de 2019

El tiburón y el hada madrina


Cuando Gea decidió generar a las hadas madrinas para proteger a los extremadamente vulnerables seres humanos, nunca concibió excepciones como las de esta historia. Le faltó criterio, a pesar de ser una importante diosa.

Alina fue asignada a proteger a un tipejo de nombre Juan. Ella -como sea- era un hada madrina seria y responsable, y cumplía con lo pactado con Gea.




Él era inmaduro, irresponsable, alcohólico, prepotente, todo un bicho.

Él -insaciable niño rico- se consideraba inmortal, y obligaba a Alina a trabajar día y noche, mucho más allá de las capacidades de un hada abnegada y seria.


Aquella mañana,  Juan se emborrachaba (como casi a diario) a bordo de su yate de alta velocidad ya casi llegando a altamar. De repente, se acercó a la barandilla para volver el estómago. Alina, siempre cerca y vigilante, se puso nerviosa y trató de impedir que su protegido cayese al agua, cuando de repente sintió un fuerte impacto en su cabeza y cayó al mar inconsciente. Ella no  lo supo, pero mientras evitaba la caída al mar del alcoholizado Juan, chocó con una gaviota despistada que tan sólo perdió unas cuantas plumas.




Finalmente a Juan no le pasó nada, y ni siquiera percibió el accidente que se llevó a cabo un par de metros sobre su despeinada cabellera.


Alina –hada frágil-  cayó en las fuertes olas marinas y se sumergió inconsciente. Un tiburón blanco de seis metros de largo la recogió entre sus mandíbulas y la llevó a un arrecife cercano para que ella se repusiese del tremendo impacto.




Ella estuvo un par de días sin sentido, dormida sobre aquella pequeña roca, mientras  el tiburón velaba por ella nadando siempre cerca, esperando verla bien.

Las hadas –mientras duermen- guardan en su imaginación todo aquello que ocurre a su alrededor para recordarlo al despertar. Es un instinto mágico que les ayuda a cumplir con su noble misión de salvar a sus asignados.  Así, Alina supo que esa enorme aleta que asomaba frecuentemente en el agua cercana a ella pertenecía a ese extraño predador marino que la había salvado, y que él había velado su recuperación durante muchas largas horas.


Agradecida con el tiburón, trato de volar para acariciarlo. Fue entonces que se dio cuenta de que una de sus alas estaba completa e irremisiblemente destrozada.


Pensó que moriría en aquel lugar aislada del mundo, pero el escualo -habiéndose dado cuenta del hecho-,  se acercó para ofrecerle su aleta como medio de transporte.


En principio, la intención de ambos era simplemente llegar a un lugar menos hostil que aquella pequeña roca a mitad de la enorme bahía y descender ahí para pedir auxilio a alguna compañera. 


Pero una vez que Alina se subió en la enorme aleta, descubrió una maravillosa sensación: el ir prendida de ese gigantesco  animal ligeramente arriba de las olas del mar, junto con la sensación fresca de la brisa del mar en su cara, le pareció irresistible.


Al tiburón le pasó algo semejante: al sentir la tersura de las frágiles manos del hada sobre la piel de su aleta, quedó prendado de ella.


Ambos decidieron quedarse juntos para siempre.


Cuentan los marinos viejos en las tabernas del  puerto de San Nicolás que de repente, por ahí cerca en la bahía, aparece un tiburón blanco enorme que deja con su aleta una estela extraña de color mágico incomprensible que ilumina las noches.