miércoles, 2 de julio de 2008

El agotamiento de las musas

El brillante, exitoso e hiperactivo creador de muchas especialidades literarias, artísticas, arquitectónicas y científicas, sometió durante mucho tiempo a la totalidad de las musas del universo a un tren de trabajo inconmensurable, al extremo de que un día, sin previo aviso, éstas se declararon agotadas. Por más que el embalado genio les pedía un esfuerzo adicional para continuar con sus creaciones, ellas ya no podían ni siquiera moverse.

Después de una temporada en esas condiciones estáticas, todo parecía indicar que la humanidad se estancaría irremisiblemente en ese momento de la historia, sin más obras de arte, sin más inventos, sin más innovaciones.

El desconcertado inventor y artista no sabía qué hacer, acostumbrado como estaba a dejar volar su portentoso cerebro en manos de las musas.

Después de varios días de estéril y frustrante ocio, el genio decidió buscar una solución por sí mismo…y la encontró. Mezcló brebajes y pociones, líquidos y sales, vinos y licores, ideas y conceptos, remedios y soluciones, hasta que surgió algo de verdad útil y novedoso, algo infinitamente revolucionario: un tónico reconfortante para musas exhaustas.

Preparó una buena cantidad de dosis de su menjurje y se lo ofreció a las musas, quienes lo bebieron inmediatamente, urgidas como estaban de volver a su inspiración ancestral.

El resultado fue impactante, pero contraproducente: el brebaje resultó estimulante, embriagante y…erótico.

Las musas estaban tan contentas con el licor mágico recién descubierto, que se olvidaron desde entonces de aportar ideas a la humanidad, y se dedicaron a la juerga permanente por los siglos de los siglos.

Es por eso que ya no se leen buenos cuentos en Dragonotopía.

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