sábado, 16 de mayo de 2009

El agente Buttler


Amanecía perezosamente.

Drácula llegó agotado de una excelente noche en la que había saciado como nunca su sanguinario apetito.

Abrió su sarcófago y ascendió la escalerilla para meterse en él. Se acomodó durante unos segundos, y procedió a cerrar la tapa para dormir plácidamente hasta el próximo anochecer.

Quiso asegurar la cerradura de la tapa por dentro, como hacía precautoriamente todos los amaneceres, pero algo estaba mal con esa pieza, pues se negaba a cerrar.

“Así son las cosas humanas –se dijo a sí mismo-, todo es de pésima calidad. Apenas duran funcionando unos años y se descomponen. Los vampiros necesitamos cosas que duren cientos de años. Esta noche conseguiré una cerradura nueva y cambiaré ésta.”

Por fin cerró los ojos, renunciando a asegurar la tapa del sarcófago, y cayó dormido enseguida, embelesado por el exceso de sangre ingerida aquella estupenda noche.

Él nunca lo supo, pero afuera de su cajón mortuorio, en la misma lúgubre estancia, alguien lo acechaba. Ese alguien era precisamente quien había inutilizado la cerradura unos minutos antes de que el temible rey de los vampiros hubiese llegado a su hogar.

Cuando Drácula había caído dormido, el renombrado cazador de vampiros abrió su maleta negra, sacando de ella una estaca afilada y un martillo: éste sería el fin del más temible, sabio y antiguo de los vampiros que pululaban en el planeta.

Sigilosamente abrió el sarcófago. Observó a su adormecida víctima durante unos segundos. Fue entonces que decidió dejar en el piso la estaca y el martillo. En vez de eso, abrió su boca, mostrando un par de afilados colmillos, y los clavó en la yugular de Drácula. Le succionó toda la sangre fresca posible sin que éste despertase, hasta que la muerte del vampiro fue inminente.

Después se limpió la boca ensangrentada con un pañuelo, cerró el sarcófago, tomó su teléfono móvil y se reportó a su base:

“Habla el agente Buttler. Le informo que acabo de aniquilar a Drácula. Este asqueroso vampiro no volverá a succionar sangre humana.”

“Por cierto, jefe: para mí la jornada apenas empieza. ¿No habrá cerca de aquí algún otro detestable vampiro a quien desee eliminar?”

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