lunes, 19 de octubre de 2009

Caballero virtual


Estaba agotado, y su hombro derecho sangraba por la herida de lanza que su rival le había propinado. Su excelente armadura había sido vulnerada por la afilada punta de una lanza seguramente forjada en la fragua de un experto fundidor de metales.

Sin embargo, él también había penetrado con su arma la malla de hilo de fierro del enemigo: si bien su cara no se podía ver, sus gemidos de dolor eran obvios.

Era, en ese momento, difícil el pronosticar acerca de quién vencería en aquella relevante lid, que no era precisamente un torneo principesco, sino una batalla a morir por la supervivencia de cientos de aldeanos que vivían en las afueras de la muralla que protegía el castillo de Endavour.

Decidió súbitamente ignorar aquel enorme dolor en el hombro, y sacó fuerzas inesperadas de su muy forjado carácter. Logró con ello hacer caer al Caballero Negro de su caballo. Y cuando lo tenía en el suelo a su merced, y estaba a punto de ponerle la punta de su lanza en su yugular, sucedió algo muy extraño:

Apareció en la pantalla un letrero de PAUSA, seguido de un MENÚ de extrañas opciones:

GUARDAR, CARGAR, REINICIAR, CANCELAR…

Algún ente superior que manejaba hábil, pero frívolamente aquel juego cibernético, optó por la opción SALIR DE LA PARTIDA ACTUAL.

El honorable caballero Leovigildo de Endavour, completamente frustrado e impotente ante los designios de quien manejaba el mouse de aquel ordenador, simplemente desapareció del monitor en un instante.

Nunca más tuvo el heroico paladín electrónico otra oportunidad de hacer valer ante el mundo su legendaria nobleza y su inquebrantable valor.

viernes, 4 de septiembre de 2009

El espíritu ataca de nuevo


Había existido desde siempre en nuestro planeta. Había animado miles y miles de objetos, como sillas, escobas, lapiceros, lámparas o jabones.

Disfrutaba mucho viendo las reacciones de miedo de la ingenua humanidad cuando algo inanimado se portaba de manera extraña, pero cada poco se aburría del objeto en turno, pues la gente siempre era predecible y no le brindaba ya mayores sorpresas.

Pero fue así que un día, lleno de aburrimiento, deambulaba por una farmacia, cuando pudo leer las instrucciones en la envoltura de un extraño medicamento con diseño aerodinámico que había en algún estante.

En ese momento se dio cuenta de que ése sería su entretenimiento por los siguientes mil años por lo menos: se introduciría en él, se escondería en los cuartos de baño, y haría - cada vez que se presentase una oportunidad- lo que indicaba las instrucciones como vía de administración del medicamento, ni más ni menos.

Fue tan divertido ver cómo la gente distraída saltaba y gritaba cuando él la penetraba vía anal, que decidió hacerlo muchas veces al día, generando todo tipo de reacciones inesperadas.

Finalmente, el espíritu encontró en los supositorios, los objetos inanimados ideales para pasarla bien el resto de su existencia.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

La misteriosa partícula intergaláctica



Una lejanísima y enorme estrella explotó inexplicablemente, y de ella salieron irradiadas, por toda la galaxia, miles de millones de partículas subatómicas de muy diversos tipos.

Una de ellas –la de esta historia- tenía características especiales, y se dirigió directa y de manera extraña hacia el planeta Tierra.

Mucho tiempo después, atravesó sin problemas la densa atmósfera terrestre, y fue a dar directo a una biblioteca pública en el centro de Gottemburg, más precisamente al tercer estante del librero 25C del segundo piso, en donde se encontraban los libros de cuentos para niños.

Nadie percibió el impacto, pues era de noche y la biblioteca estaba cerrada. Tampoco éste fue estruendoso ni destructivo. Simplemente…cambio de manera especial los contenidos, textos y párrafos de un particular libro de cuentos que encantaba a los niños que asistían a diario a la biblioteca.

Fue así como la Caperucita Roja fue a dar –sin saber cómo- a Ciudad Gótica, enamorándose perdidamente de Batman. Éste orilló a la apasionada chiquilla a tener relaciones sexuales con él, quedando ella embarazada.

Batman fue detenido enseguida bajo el cargo de abuso sexual por la guardia real del Rey Arturo (Ciudad Gótica estaba en la jurisdicción de los Caballeros de la Mesa Redonda), y fue juzgado por la severa jueza Alicia (la que alguna vez, de niña, estuvo en el País de las Maravillas).

Batman fue condenado a pasar dos años de grumete en el barco de Simbad el marino, quien se encontraba de vacaciones en Disneylandia con su amante Heidi (pero no llevaron a la cabra, porque a Simbad no le agradaban los pelos de los artiodáctilos).

El lobo feroz (el amigo de Caperucita), mientras tanto, apareció misteriosamente en el Reino de Nunca Jamás, y se alió con Peter Pan en la lucha en contra de los Tres Mosqueteros, que se habían convertido en bandoleros y asolaban el mundo con su nueva especialidad bélica: las boleras gauchas, cuya técnica habían aprendido en la segunda Cruzada, en territorio argentino.

Alí Baba resultó ser narcotraficante, cómplice y enamorado del Príncipe Azul de Blancanieves, con quien vivía en las Bahamas. Fueron delatados por la madrastra de Cenicienta, y hoy purgan condena en la ciudad de Nueva York, junto al patito feo, acusado de haber falsificado su acta de nacimiento para pretender pasar como cisne.

Harry Potter había abandonado la magia por algo más lucrativo: se dedicaba a fabricar supositorios para gato, y entre su clientela se encontraba un minino con botas y espada.

Winnie The Pooh estaba encerrado en el zoológico de Munich desde hacía varios años, y sus amigos no lo reconocían, pues había adelgazado mucho.

Así, todos los personajes y cuentos de la Tierra, fueron misteriosamente alterados por esa extraña y traviesa partícula intergaláctica sin que nadie supiese de ella.

La Caperucita Roja, sorprendentemente y al final del libro, dio a luz a un enano gruñón que en nada se parecía a Batman (lo que puso en dificultades a la jueza Alicia, quien no sabía nada de las pruebas de ADN).

En el puño cerrado del enano recién nacido, apareció finalmente la extraña partícula que había alterado todos los cuentos de esta historia. Ésta, vista al microscopio por los científicos, mostraba una sarcástica sonrisa que nadie supo interpretar.

El Consejo Consultivo de la biblioteca de Gottemburg retiró el libro del estante para niños.

domingo, 23 de agosto de 2009

Daños y perjuicios


Contra el arbitrio absoluto del universo entero, contra todos los prejuicios de la enajenada humanidad, contra todos los esfuerzos difamatorios de las distintas religiones y sus libros sagrados, contra todas las técnicas exorcistas conocidas, llegó finalmente el día en que el aparato legal, judicial y de derechos humanos de la Tierra, pudo reconocer que el prestigio del Diablo había sido objeto de injusta y deliberada manipulación propagandística por parte de las diversas Iglesias en su eterna competencia comercial por ganar feligreses.

El Diablo, ganador del juicio en la última instancia, exigió entonces ser reivindicado como una criatura positiva, buena y benefactora en lo referente al sano desarrollo de su muy querida humanidad.

Así, finalmente la gente pudo emerger del ropero mental con toda su madurez, para poder disfrutar de tantas y tantas cosas que hasta entonces habían resultado ser pecado.

Ese día, las diversas iglesias, templos, mezquitas y sinagogas quedaron vacías, los sacerdotes desempleados y sus arcas sin recursos.

viernes, 21 de agosto de 2009

Intereses creados


El cuento era el primer interesado en nacer. Había estado durante meses gestándose en el cerebro del autor, siempre angustiado, pensando que iba a ser descartado como lo habían sido muchos otros de sus compañeros.

Los personajes del cuento estaban de verdad preocupados, pensando que jamás serían conocidos por los lectores: un personaje sin lectores carece de razón de ser en esta vida.

La musa que lo había inspirado también deseaba que el cuento saliera a la luz, pero estaba nerviosa por temor a que sus méritos no fuesen debidamente reconocidos por el autor. Éste era muy complicado en ese aspecto, y casi siempre la menospreciaba.

El autor estaba presionado, pues sus ingresos económicos últimamente estaban muy mermados por la increíble competencia literaria: miles de escritores luchaban día a día por estar en los estantes de las librerías.

El corrector de estilo quería dejar su huella en la obra para justificar su puesto y su sueldo, y puso en jaque al autor en repetidas ocasiones, cuestionándole su redacción y su sintaxis una y mil veces, al extremo de que el editor estuvo a punto de suspender la edición del cuento ante tantos pleitos entre ambos.

El editor -cuya prioridad eran únicamente los ingresos económicos- deseaba que el cuento naciese, pero ofrecía muy poco dinero al autor, quien estuvo a punto de no firmar el contrato de edición, poniendo con ello muy nerviosos al cuento, a la musa, a los personajes y al propio editor.

También estaba el dueño de la librería, quien esperaba el mejor cuento del año a un costo ridículo, coqueteando con otras propuestas literarias más económicas.

Después de meses de regateos, especulaciones, pleitos, disgustos y angustias, las partes finalmente se pusieron de acuerdo.

El cuento apareció en los estantes de la librería con enormes expectativas.

Los lectores simplemente lo ignoraron.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Apocalipsis


Una vez más se presentó la omnipotente Noche a avasallar la superficie del planeta, borrando con su absoluta oscuridad hasta el último rastro de luz que hubiese pretendido dejar el Sol, su existencial pero insignificante enemigo.

La ingenua e impotente Luna -que de siempre había pretendido al Sol sin saber que éste coqueteaba igualmente con decenas de satélites- intentó quedar bien con él, poniendo un poco de su claridad para atenuar la impresionante oscuridad que la Noche promovía, pero de poco le sirvió a aquella: ésta, finalmente y como siempre, impuso sus reglas.

Llegado ese momento, cientos de criaturas noctámbulas aparecieron de la nada y poblaron el paisaje, dispuestas a cumplir con su consigna evolutiva de sobrevivir a cualquier costo, devorándose las unas a las otras para que sus amadas crías lograsen tener un futuro, tal como la diosa Natura había dictaminado: la crueldad manifestada estaba en sus genes. No era su culpa.

Así transcurrían las Horas. La Noche imponía su oscuro manto, pero no era tan perversa como podría pensarse: de alguna manera estimaba a su enemigo, y también a las criaturas diurnas que siempre lo acompañaban. Sabía que la diosa Natura también las protegía, y ella era respetuosa de sus grandes designios.

Y entonces, en un acto de humilde redención que se repetía en cada ocasión, cedió una vez más su lugar al Sol, cuya claridad reaparecía tímidamente en el horizonte, como pidiendo permiso.

La Noche era sabia, y jamás hubiese pretendido destruir el gran Equilibrio que había generado el gran dios de aquel bellísimo Universo hoy desaparecido. La destrucción vino de otro lado.

Hoy el reino de la Noche, convertida en eterna, se extiende hasta el infinito.

lunes, 17 de agosto de 2009

El duende que brincaba


Un día se aburrió de brincar y brincar.

Tal vez fue la madurez, tal vez el cansancio, o posiblemente el inicio de la vejez, pero de pronto empezó a cuestionar tantos brincos durante toda su vida.

Fue entonces que el duende se preguntó por qué brincaba.

¡No tenía la menor idea de por qué lo hacía!

Concluyó entonces que había sido programado para ello desde su nacimiento, algo así como un destino inmutable, absoluto.

Descansó un rato, y al no encontrar respuesta a su enorme duda existencial, retomó sus brincos. Eran parte de la vida, indudablemente.

El duende murió brincando.