miércoles, 8 de mayo de 2019

Cambios

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No era una noche como las que habíamos conocido.

Llegó por el mismo lugar y a la hora esperada, pero era diferente.

No eran las mismas estrellas, y nuestros murciélagos se negaron a reconocerlas, al igual que nuestra luna.

Era una noche advenediza, mucho más oscura y tenebrosa, y rara, sumamente rara. Pero las noches de antes, aquellas a las que amábamos, jamás volvieron: huyeron asustadas ante la recién llegada.

La nueva noche era una noche caníbal.
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Su apariencia era la de un alacrán común, de una de las especies más venenosas que se conocen.

En realidad, alguna vez fue una bella hada benefactora que -por cosas de la vida- se enemistó con el mago Al Aman, quien la convirtió en un horripilante arácnido ponzoñoso. Así quedó expuesta a las tarántulas, a los pájaros y a los prejuicios humanos, quienes, enseguida, y sin mayor contemplación, pisaban a los alacranes que se les acercaban.

Ella estaba obligada -por sus instintos adquiridos- a inyectar su veneno a cuanta criatura tenía a su alcance: ése era su destino.

Durante algún tiempo, su ponzoña mató a seres inocentes, pero finalmente su bondad y su fuerte carácter hicieron de su veneno un elixir mágico que mejoraba en muchos sentidos la existencia de sus víctimas. Era, sin lugar a dudas, un alacrán mágico.

Eso -sin embargo- no obstó para que aquel hambriento cuervo la devorase en un descuido. Aun así, su victimario recibió de ella el don de la claridad mental: la segunda especie animal inteligente había sido creada en el planeta Tierra: el ser humano habría de pagar las consecuencias.

martes, 7 de mayo de 2019

Un mundo feliz

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Existe, en el mundo de la fantasía del que tan poco sabemos, un reino en donde viven únicamente criaturas frágiles, ligeras, irisadas y perfectamente redondas, increíbles seres que los humanos conocemos como pompas de jabón.

“En nuestro mundo también existen pompas de jabón”, me dirán los lectores. Pero debo advertir que aquéllas que viven en ese indescriptible reino en el mundo de la fantasía, son pompas de jabón conscientes, vivas y pensantes, capaces de organizarse socialmente y de desarrollar su propia tecnología para mejorar día a día su calidad de vida. “¿Pompas de jabón tecnológicas?”, dirán algunos humanos carcajeándose.

En mi calidad de investigador académico de mundos fantásticos, tuve oportunidad de hacer una tesis acerca de cómo viven las pompas de jabón cuando los humanos no interfieren en sus asuntos. Para ello, aprovechando el financiamiento que me otorgó la Universidad de lo Increíble, viajé hacia el Reino de las Pompas de Jabón. 

No fue fácil conseguir la visa. Son criaturas difíciles, complicadas y quisquillosas, pero tienen razón de serlo, pues debemos recordar que son frágiles, y si no se cuidan, su vida puede ser efímera. 

También, para comprender lo anterior, debo hacer saber a mis lectores que al lado del Reino de las Pompas de Jabón hay un país en donde viven sus peores enemigas, llamado el Reino de las Puntas y las Aristas. De ese lugar se infiltran a diario y subrepticiamente, cientos de agujas y  alfileres terroristas dispuestas a generar desmanes  entre nuestras redondas y vulnerables amigas.   

Ahora quiero describir un poco la vida de las pompas de jabón en su inigualable reino. En su prehistoria, eran como las conocemos en nuestro mundo: totalmente vulnerables y de vida efímera. Al principio sufrieron mucho, pero… 

Hoy, gracias a su natural inteligencia, han aprendido muchas cosas, y su calidad de vida es envidiable. Nacen en viveros. Poseen ventiladores sutiles que empujan las películas de jabón formadas en pequeños aros metálicos, y de ahí surgen las nuevas criaturas, que, antes de ser liberadas al mundo exterior, son conducidas por suave brisa hacia la escuela. Sería injusto liberarlas, desde luego, sin antes instruirlas acerca de su vulnerabilidad, de sus maravillosas capacidades, y de la existencia de sus terribles enemigos naturales: las aristas, las puntas, las agujas y los alfileres. 

También en esa escuela se les refuerza su autoestima, haciéndoles ver que son esferas perfectas, y que, por lo mismo, son capaces de generar reflejos irisados muy bellos, y que su ligereza, manejada tecnológicamente, puede hacerlas volar y extender su esperanza de vida de manera ilimitada. Así salen a la vida. Saben, como las aves, manejar las corrientes de aire caliente ascendentes, que les permiten planear indefinidamente. Cuando llega la noche, las bajas temperaturas inhiben el viento, por lo que suelen descender y reposar en el suelo, tapizado generalmente por pétalos de rosa, para evitar accidentes fatales. 

Es ahí, entre los pétalos de rosa, en donde suelen esconderse las malignas agujas y alfileres, esperando reventar a las pompas de jabón. Por eso nuestras amigas son tan rigurosas a la hora de extender visas para visitar su reino. 

Conviví, por cosas de la vida, con esas inimaginables criaturas, lo suficiente como para admirarlas, para reconocer que son únicas, pero también para saber que las envidias de las agujas y alfileres son tremendas, y que, si las pompas de jabón se descuidan, su maravilloso reino podría desaparecer, y solamente sobrevivirían en el nuestro, simplemente como mascotas inanimadas de nuestros domingos en los parques populares, en donde los niños humanos las generan y las maltratan sin llegar a comprender jamás su maravillosa esencia. 

martes, 5 de febrero de 2019

Porsiacaso y las mil posibilidades


En este universo lleno de seres extraños, existió -no ha mucho según el calendario que rige las Cosas Innegables- un elfo muy previsor.

Dicen que antes de nacer acercaba su oído al exterior del vientre de su madre para tratar de escuchar lo que pasaba allá afuera: la temperatura, el ambiente político, los rumores de la bolsa de valores…

Cuando nació, la partera se sorprendió de que él -en vez de llorar- giraba su cabeza, con los ojos muy abiertos, a la izquierda, a la derecha, hacia arriba y hacia abajo, como tratando de entender de qué se trataba todo aquel extraño exterior, previendo cualquier sorpresa desagradable.



Antes de acercar sus labios al pezón de su madre, palpó ambos senos para constatar los inventarios lácteos. Una vez confirmada su seguridad nutricional en el mediano plazo, revisó someramente la habitación en donde había nacido, para así conocer el nivel socio-económico de su familia. Se sintió temporalmente seguro, aunque con algunas dudas. Después de eso, se atrevió a mamar, no sin antes verificar la calidad de la leche materna.

El sabio y congruente Destino hizo que los padres lo bautizasen como Porsiacaso. Dice la leyenda que la criatura siempre dormía con los ojos abiertos.

En cuanto tuvo uso de la razón, apeló a las mil Posibilidades, extrañas deidades elfas que brindaban un enorme espectro de escenarios existenciales posibles. Ellas lo llenaron de probabilidades y de sabiduría circunstancial.

Así, Porsiacaso inició sus aventuras en este cambiante y azaroso mundo siempre analizando y sopesando lo que podía pasar y lo que no era teóricamente posible.

Desarrolló complejos árboles decisionales, técnicas para conocer escenarios factibles y situaciones coyunturales, así como  toda clase de metodologías de análisis probabilísticos y determinísticos.

Se doctoró en Desconfianza Justificada, en Dudas Razonables, en Incertidumbre Factible,  en Temores Lógicos, en Angustia Existencial, en Probabilística Improbable, en Circunstancias Insólitas, en Ciencias Predictivas, en Absurdos Materializables (en el corto, mediano y largo plazo).

Porsiacaso murió joven, atropellado por una carreta de bueyes lentos que él no vio venir, precisamente por estar distraído pensando en lo peligrosas que podían ser las veredas de su aldea elfa.

La probabilidad de que Porsiacaso muriese en esas condiciones era en realidad muy baja, pero el omnipotente dios Porquemedalagana decidió que así fuese.


Manzanología






Obviamente era de noche. Adán estaba cansado, con ganas de acostarse. Ella lo tentó con la manzana. De otra manera él nunca hubiese aceptado aquella loca propuesta. Los hombres somos sobrios; las mujeres son a veces irresponsablemente explosivas.

Ella quería poseerlo. Él sabía que tenía que madrugar para ganarse la vida (eso del paraíso es una falacia). A ella no le importaba. El egoísmo femenino puede ser atroz.

Había un tercer involucrado: un tal Dios.

Dios era el dueño de la manzana, y se sintió afectado cuando Eva la bajó del árbol. Así que Dios -criatura omnipotente- quiso sacar ventaja de la situación.

Dios le dio a la manzana un valor agregado innecesario, y pretendió cobrar injustamente a Adán –no a Eva- el usufructo de una fruta hasta entonces irrelevante.

Cuando Adán –ya con ganas de acostarse- reclamó por el abuso, Dios lo amenazó con  la mordedura de una serpiente venenosa. Así no era posible acostarse plácidamente.

Eva disfrutaba la escena: o Adán hacía el amor con ella, o la serpiente lo picaba.

Adán aceptó el chantaje: mordió la manzana y tuvo sexo con Eva (no era, desde luego, la primera vez).

Dios –criatura prepotente- quiso especular una vez más con el precio de la manzana ya mordida. Adán, cansado del sexo y muerto del sueño, pretendió regatear (le costaba mucho ganarse la vida).

Dios -genéticamente judío- se sintió ofendido por la contrapropuesta de Adán. Le salió el rencor bíblico de Jehová  y  los expulsó del paraíso.

Adán, que no era tonto, guardaba discretamente  entre sus premolares una semilla de la manzana del Árbol de la Vida. En cuanto encontró tierra fértil la sembró, y puso una planta productora de sidra. Eva se encargaba del control de calidad, mordiendo una manzana de cada cien.

Caín y Abel –sus hijos- disfrutaron de las utilidades del negocio de los padres, hasta que Abel adquirió un vehículo de lujo. Caín se moría de la envidia y decidió asesinar a su hermano para quedarse con el BMW.

Después de eso, Caín desarrolló nuevas variedades genéticas de la manzana original, y nuevos pecados sexuales fueron cometidos por sus sucesores. Hoy la vida es un degenere. Cada variedad de manzana encierra una nueva forma de pecado.







Se consideraba a sí mismo el más imbécil de los dioses, pues mientras las otras divinidades la pasaban bien en el Olimpo –fornicando, bebiendo o celebrando-, él llevaba millones de años llevando sobre su espalda el peso del planeta Tierra.

Además había envejecido, y lo amenazaba el mal de Parkinson. ¿Qué pasaría en la Tierra con sus inminentes temblorinas?


Por todo ello, consideró oportuno tomarse una vacaciones y dejar la responsabilidad del peso de la Tierra a dos de sus líderes políticos más destacados: Donald Trump y Vladimir Putin…

La encantadora Princesa Caramelo y el horrible Capitán Sorpresa


Ella -la encantadora Princesa Caramelo- vivía de ensueños.


 Él tenía que resolver los asuntos de estado, asesinando enemigos, torturando prisioneros, ocultando ante el reino las bajezas del rey padre de la princesa.



Ella lo conoció en una ceremonia esplendorosa, cuando la Condesa del Azúcar se casó con el Príncipe de los Dulces Sueños en el Palacio de Verano, junto al mágico lago Chateauneuf.

Él acudió a la boda en prevención de un magnicidio inminente del que se había enterado tras haber sometido al potro de tortura a varios enemigos de la familia real.

Ella esperaba que el gallardo capitán la sacase a bailar un vals de Straus que estaba de moda entre la realeza.

Él tenía mil ojos y mil oídos escudriñando a todos los asistentes.

Ella le coqueteó. Hizo uso de sus mejores recursos femeninos para engatusar al jefe de inteligencia del reino.

Él se distrajo un segundo ante las redondeadas rodillas de la princesa.

El disparo asesino fue a dar justo en la sien del rey, que en cuestión de segundos murió desangrado.

Él nunca se ha perdonado el descuido. Hoy vive mortificado en una fría galera, acusado de complicidad.

Ella hoy disfruta de la herencia real junto con su amante, el Príncipe de los Dulces Sueños, autor intelectual del  asesinato del rey.

La Condesa del Azúcar sigue amando al Príncipe de los Dulces Sueños -su esposo-, sabiendo que le es infiel, pero disfrutando de su status de esposa del amante de la recién coronada reina Caramelo.

Los demás ni siquiera nos imaginamos lo que pasa allá arriba.